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2 DE ENERO, CURIOSIDADES: EL JUICIO A SOCRATES

Aunque durante la primera parte de su vida fue considerado un patriota y un hombre de profundas convicciones religiosas, Sócrates sufrió sin embargo la desconfianza de muchos de sus contemporáneos, a los que les disgustaba la nueva postura que tomó frente al Estado ateniense y la religión establecida, que planteaban «una existencia etérea sin el consentimiento de ningún dios como figura explícita». Fue acusado en el 399 a. C. de introducir nuevos dioses y corromper la moral de la juventud, alejándola de los principios de la democracia. Por el contrario, Sócrates se manifestó devoto de los dioses, y no pretendía introducir nuevas deidades.

Durante su juicio la acusación fue leída ante un jurado conformado por 501 miembros elegidos al azar entre los ciudadanos mayores de treinta años. Esto era parte del procedimiento normal en Atenas, donde existían jurados pero no jueces: los propios miembros del tribunal decidían la sentencia, votando en una urna tras haber escuchado el testimonio de las partes.

El magistrado que presidía el proceso no era un jurista profesional sino un ciudadano común también designado por sorteo. Tampoco existía una corte de apelaciones, de modo que la decisión era definitiva. Los acusadores tenían cierto plazo para formular sus cargos y presentar sus testigos. Luego le tocaba al acusado defenderse a sí mismo, aunque podía contar con el asesoramiento previo de oradores profesionales. Todo el proceso era oral y aún las pruebas documentales debían leerse en voz alta. El tiempo que tenía cada parte para hablar era el mismo y se medía con un reloj de agua que se detenía durante las declaraciones de los testigos y la lectura de los documentos. El proceso duraba varias horas y durante ese tiempo los miembros del jurado permanecían sentados en bancos de madera.

Las sesiones eran públicas. Cuando las intervenciones de cada parte terminaban, los miembros del tribunal votaban una primera vez para decidir si el acusado era culpable o inocente. Si resolvían esto último, la persona quedaba en libertad y podía presentar cargos contra su acusador. Si, en cambio, el acusado era encontrado culpable , cada una de las partes debía sugerir una condena. Los miembros del tribunal votaban entonces por segunda vez para elegir entre las propuestas presentadas, sin poder formular alternativas.

Sócrates fue declarado culpable por amplia mayoría y condenado a morir ingiriendo cicuta (un veneno poderoso), un método utilizado habitualmente en Grecia para la ejecución de las condenas a muerte.

Fuente: Historias de Filósofos, Pablo Da Silveira, Ed.Punto de Lectura

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