CARTA PASTORAL: «JUNTOS HAGAMOS MERCEDES»

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Queridas hermanas, queridos hermanos

Me dirijo a ustedes, a los que siguiendo a Jesús, son miembros de la parroquia de la
Catedral y de las diversas comunidades parroquiales de esta ciudad. Y lo hago en este
tiempo en el que hacemos memoria de nuestra amada Señora de las Mercedes.

Ustedes son cristianas, cristianos y ciudadanos de este pueblo hermoso cuyo nombre
es el de nuestra Madre. Es muy significativo que el mismo nombre nos una a la Madre
de Dios y a la ciudad en la que vivimos y crecemos. Es para mí, como una invitación a
redescubrir algún aspecto de nuestra identidad, es decir, de lo que somos y estamos
llamados a ser.

La vida es un camino que debemos transitar juntos, en familia, en relación con otros,
con amigos, con vecinos, con conocidos y desconocidos, con semejantes y distintos.
Para los cristianos, desde el bautismo, este camino, adquiere un sentido nuevo que
tiene como horizonte la Vida Plena en Dios Padre, pero que va creciendo día a día en
el seguimiento de Jesús y en el desafío de hacer lo que Él hizo para que el sueño de
Dios se cumpla aquí y ahora en esta historia compartida.

Por lo tanto, somos peregrinos hacia una Patria definitiva pero nos comprometemos
con esta Patria, que es “la tierra de nuestros padres”, para hacerla día a día más
fraterna, solidaria, esperanzada, llena de una fe y un amor fuerte que desea e intenta
transformar esta realidad herida por nuestra fragilidad y pecado.
El Reino de Dios, nos dice el mismo Jesús, es como una pequeña semilla que crece
entre nosotros hasta dar fruto. El Reino está, Dios está con nosotros, camina en medio de Su Pueblo y por eso, nos hacemos cargo y responsables de vivirlo e invitar
a otros a que también vivan la alegría del Evangelio.

Estamos invitados a “convivir”, a “ser vecinos”, predicando el Evangelio de Jesús no
sólo con la palabra sino fundamentalmente con nuestra vida. Esa ha sido la Misión de
Jesús y es la misión que el Espíritu del Señor nos encomienda y nos da las Gracias
necesarias para llevarla adelante. ¡Otro modo de vivir es posible! Un modo de vida
en el que cada vida vale, es digna y al mismo tiempo llamada a una plenitud que se
alcanza en el Amor.

El nombre de la Virgen y de la ciudad, nos ayuda a pensarnos en este tiempo de
pandemia, en ciudadanos y vecinos comprometidos con Jesús, su Evangelio y nuestro
pueblo.

Es tiempo de “juntos, hacer Mercedes”, es decir, de vivir una Misericordia y
Compasión activa, concreta y grande. Ahí está el motor y la fuerza de una solidaridad
que siempre rescata al otro, que ayuda de manera generosa, que genera encuentro,
perdón, reconciliación, en fin, es un tiempo para ponerse en la piel del otro,
comprenderlo y estar a su lado. Así lo hace Jesús y Nuestra Señora de las Mercedes,
están al lado de cada persona que se siente apresada por esta realidad compleja y
difícil.

Todos nos necesitamos. El Papa Francisco nos hace tomar conciencia que “estamos
en la misma barca y que nadie se salva solo”. Nadie está demás, nadie sobra para el
trabajo urgente de hacer un mundo fraterno y fortalecer la amistad social.

Queridos cristianos mercedinos, les pido con máxima humildad: “Sean luz y sal. Sean
buena levadura” que ayude a fermentar la novedad del Evangelio en esta ciudad.

Les pido que “juntos, hagamos Mercedes”, es decir:

Que sus palabras estén llenas de esperanza, que anime a muchos a seguir luchando,
especialmente a los más frágiles. Las palabras negativas y quejosas, sólo logran
agregar más desazón y angustia al tiempo presente. Tengamos palabras que alienten,
que motiven a la búsqueda de la justicia, la paz y la reconciliación. Evitemos las
palabras que sólo buscan destruir, desintegrar, agrietar.

Que sus manos estén abiertas para compartir los dones que cada uno tiene.
Compartamos el tiempo que es un don precioso y nos da la posibilidad de estar
atentos y cerca del que lo necesita, sea familiar, amigo, vecino, conocido o
desconocido. Todos necesitamos que alguien nos escuche, nos entienda, nos ayude
con un buen consejo y para eso necesitamos darnos tiempo.

Animémonos a compartir también nuestros bienes materiales con los más pobres,
sea mucho o poco, pero compartir, que es una manera alta y transparente de nuestra
identidad cristiana. En el compartir, tanto el que da como el que recibe, se
transforman en un mensaje viviente de una ciudad que busca ser acogedora,
hospitalaria, solidaria.

Que los pies de ustedes estén libres y ligeros para ir al encuentro de los otros y así
estar cerca, especialmente de los enfermos, los ancianos, los que están solos, los
encarcelados.

“Hacer juntos Mercedes”, es ejercer una manera de Misericordia Solidaria en este
tiempo de distancia social, que lejos de llevarnos a un tipo de distanciamiento
afectivo y humano de los unos para con los otros, significa que debemos aprender de
manera creativa, cómo sobrellevar juntos y cómo acompañarnos en esta realidad
nueva que nos ha tocado vivir.

Finalmente, les digo que éstos son tiempos propicios para escuchar todo tipo de
voces, las que animan y las que desaniman, las que generan encuentro y diálogo y las
que proponen separarnos e imponernos sobre los otros, las que nos invitan a
encerrarnos en una forma de vida individualista y las que nos estimulan a ser
comunidad.

Los invito a que sean cristianas y cristianos atentos a la Voz del Espíritu que habita en
cada uno de ustedes y escuchen al Señor. No se dejen tentar por el espíritu de la
desesperanza, la discordia, la mentira y la desunión.

Sean fuertes en medio de las tribulaciones, siempre buscando el amor, la paz y el Bien
Común. Ayúdense en las pequeñas cosas de la vida cotidiana.
Vivan serenamente alegres y lleven alegría a los más tristes.

Si bien son comunidades parroquiales diversas y eso, las hace inmensamente ricas,
recuerden que son la misma Iglesia del Señor que camina en este tiempo de la historia y en esta misma ciudad. El testimonio de unidad entre ustedes, hará mucho bien a
nuestros conciudadanos.

No dejemos de rezar los unos por los otros porque el Señor escucha la súplica de su
Iglesia y nunca nos dejará solos.
Recemos para que pronto se termine esta pandemia. Recemos por los enfermos, por
los que parten a la Casa del Padre, y los trabajadores de la salud. Recemos por los
que han perdido el trabajo, por los que viven de manera muy precaria, por las
autoridades y por todos los que toman decisiones.
Recemos por las familias, por los niños, por los jóvenes, por los ancianos.
Recemos por nuestra ciudad y por nuestra Patria.

Que María bajo el nombre de Nuestra Señora de las Mercedes, les regale seguir
creciendo en Misericordia y Compasión para ser una Iglesia viva y a la altura del
tiempo presente.

¡Rezo por ustedes!
Por favor, les pido que también lo hagan por mí.

Los saludo fraternalmente y les doy mi bendición.

+ Jorge Eduardo Scheinig
Arzobispo de Mercedes-Luján

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