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CUENTO: EL TRIANGULO DE LAS ESTRELLAS (HOMENAJE AL TRINCHE CARLOVICH)

Por: Profesor Rubén Daguerre Rosa

Este fue un cuento escrito para el viejo periódico mercedino 254: La Posta. Lo desempolvamos a modo de homenaje para este hombre que acaba de fallecer y que con seguridad, sus historias quedarán en una gran cantidad de amantes del fútbol, a modo de leyenda.

 

Luego de confirmar la transferencia del dinero prometido por el director girado vía Banco Nacional de la República Oriental del Uruguay, y mientras salía del Banco Nación en la esquina de 20 y 29, me lo choqué al queridísimo -ya parte del folclore mercedino, Roberto Lorusso-, que como es su costumbre, con  megáfono  en mano, me saludaba y a la vez me preguntaba: “¿Como le va profesor? Usted que tanto anduvo por el mundo, apuesto que jamás vio jugadores de los quilates de “Tapón” Regueiro, “La Loba” Bomaggio, el “Lauchón” Losinno, o a los mismísimos Moner, Biglia, Minadevino… ”. Lo miré y le repondí casi sin pensarlo: “Estimado Roberto, en verdad con el único que me crucé en un picado -y también en algunas copas- fue con Raúl Losinno. Me pareció un verdadero crack. A Biglia lo observé en el ultimo sudamericano que me tocó cubrir para Radio Carve de Montevideo. A los otros lamentablemente me los perdí ”. “Que pena ” –me dijo – no sabe lo que se perdió”. Me lo dijo de una manera tan orgullosa, como quien le dice a otro que su hijo es quien hoy se recibió de médico .

Es que los recordados jueguitos que el amigo Lorusso hacia -y digo «hacía» porque el hombre aún anda con algunas nanas de salud, que pronto esperemos las sane, para que vuelva hacer de sus “locuras”) son una marca registrada para la persona que viene por primara vez a Mercedes y no conoce nada de los hijos dilectos que dio al fútbol mayor.

Qué mejor manera -me dije- de conocer a una localidad que por los jugadores que llegaron a Primera División. Fue así entonces, que me puse a recordar los jugadores que en mi infancia y adolescencia pude ver en Rosario. Es que parte de mi infancia, tuve la suerte de vivirla en la ciudad de Rosario y digo suerte, porque tener la marca en el orillo de haber transitado buena parte de mi vida en la Chicago Argentina me infla el pecho charrúa. Cuántas veces han oído y porque no también, participado de charlas donde se ponderaba el semillero de futbolistas que Rosario y su zona de influencia aportaron al mundo del balompié profesional. Son innumerables los nombres que surgieron de esas canteras. Pero hoy me quiero referir exclusivamente a las que mi querido barrio Belgrano catapultó a lo más alto del fútbol.

Los sitúo: Barrio Belgrano es el anteúltimo barrio de la zona oeste por la salida a la ruta 9, que va para la provincia de Córdoba, antes que se termine el trazado del éjido municipal. Uno antes del señorial y aristocrático Barrio Fisherton. Son aproximadamante 200 manzanas donde viven casi la misma cantidad de población que en la actualidad tiene Mercedes. Esto hace aún mas notable lo que a continuación les paso a narrar. En un lapso de tiempo que no va más allá de los 25 años, ese barrio a “producido” a mas de cien jugadores que llegaron a primera división. ¿Exageró? Pues bien, bamos a convertir este cuento en un cóctel de nombres y apellidos. Sólo a modo de ejemplo. Empecemos por el más grande: Tomés Felipe “Trinche” Carlovich. Mediocampista de fina estampa, de pegada impecable que jugó todo el tiempo que él quiso en Central Córdoba. Debutó en la Primera División jugando para Central. También en Colon de Santa Fé, Independiente Rivadavia de Mendoza.  Tuvo su paso fugaz por Flandria. Fue a probarse al River de Angelito Labruna -ya lo contaban entre los titulares- , cuándo una discusión con Labruna terminó a los golpes de puños. Fue cuando se cortó su carrera futbolística en los equipos de elite.

Es recordado aún en estos días cuando, a principios del año 1978, la Selección Nacional que conducía el Flaco Menotti, -con la base del campeón mundial del 78- enfrentó al seleccionado Rosarino de fútbol (¡que lindo que era cuando la selección viajaba por el interior del país enfrentando a los combinados de las provincias!). Fue tan descollante la actuación del “Trinche”, que el cuerpo técnico de la selección Nacional, le solicitó “amistosamente” al del combinado rosarino, que Carlovich no salga a jugar en el segundo tiempo. Desde de ese momento, y al día de la fecha, esto le “costó” a Rosario que ninguna selección enfrente a un combinado local.

El Trinche… A veces hacia tiempo con nosotros en el campito de la esquina en la que nos juntábamos. Era la misma esquina de la casa de su adolescente novia, Vanina, en que la esperaba que ella saliera, dado que los padres de su novia no aprobaban la relación con un hombre casado y 15 años mayor. Estaba horas con nosotros. Como esa  tarde/noche que jamás voy a olvidar. Se acercó una vez más a nosotros y nos dijo» vamos a hacer un torneo de jueguitos con la pelota». Se la dimos. Pareciera que todavía siguiéramos esperando que deje de pasar la pelota por el pie, la rodilla, el  muslo, el hombro y por ultimo, la  cabeza. Y vuelta a empezar. Un verdadero malabariata del fútbol.

Y sé muy bien que cuando uno recuerda los hechos sucedidos de niño, al pasar los años, los agranda cada vez más.  Pero esa noche, mientras juntábamos leña para hacer papas y camotes asados, el seguía y seguía. La pelota era de todos. La habíamos ganado con el esfuerzo de haber llenando un álbum de figuritas, en la que la difícil -si usted querido lector lo debe recordar- era el delantero de Boca: Enzo «Piqui» Ferrero.

Era tarde ya, y debíamos irnos porque ya era la hora de la cena. Poco a poco enfilamos cada uno para nuestros hogares. Cualquiera podía llevársela a su casa. El ultimo que lo vio esa noche fui yo. El último en irse, claro. Recuerdo que le dije: “Trinche” deje la pelota en casa de la Vanina.» Anda tranquilo “uruguayito”, me dijo.

Volví a casa casi caminando para atrás. No podía dejar de mirarlo haciendo esos malabares. Está realmente loco, pensaba.

Pasaron los años, y esta vez fue a mí que me tocó, como al “Trinche”, esperar en una esquina a una dama. Comprendí que tan loco no estaba como yo pensaba. Cada pitada que le daba al cigarrillo mientras esperaba -que fotografía tanguera-, me recordaba al “Trinche”. E imaginaba lo bueno que seria matizar la espera, aunque sea,  pateando una pelota contra la pared.

«Roberto, -le dije a Lorusso- este para mí, fue el jugador más grande que una cancha dio. Más grande que el mismísimo Diego, que además, cuando tuvo su fugaz paso por Rosario, se fue convencido de las hazañas que le contaron del “Trinche”, y balbuceó “basta ya me convencieron este fue mejor que yo. Hoy la ciudad de Rosario lo nombró ciudadano ilustre ¡Felicitaciones Tomas !.

Sigamos recordando. Los lectores mayores de 30 años, deben tener presente a tres hermanos que jugaron en la primera de Central. Uno de ellos ,fue traidor y jugó también para el otro equipo que en la actualidad milita en la primera división del fútbol Argentino. Me refiero a los hermanos Killer. El colorado, el caballo, y el mas chico, Alfredo.  Ellos también son del barrio. Para el lado de la Asistencia, casi pegadito a la casa materna de Oscar Román Acosta, el zurdito que hizo su carrera en Ferro. A sólo tres cuadras, compró su primera casa el «Negro» Palma.

Todavía me acuerdo cuando el «Japonés» Nieto jugando para All Boys le hizo tres goles al «Pato Fillol» y salió en la tapa de la revista Goles. Vivía por Zubiría, a la vuelta de «Cacho» Ferrari, eterno arquero de Banfield, muy del estilo del «Loco» Gatti.

Otro jugador entrañable fue la «Pinina» Álvarez, artífice insuplantable para que Atlético de Firmat llegue a jugar en los viejos torneos nacionales. ¿Recuerda? Se jugaba el Metropolitano y el Nacional. El «Gallego» Pérez que no se animó a ir a España a jugar en la primera del Salamanca por miedo a que los «gaitas» le hagan hacer la colimba. El “Ciego” Tubo y el “Gara” Álvarez, que eran la dupla que Douglas Haig de Pergamino contrataba temporada tras temporada.

Mas cercano en el tiempo, recuerdo al «Negro» Almirón que también vino al barrio. El chico Mario Gori, que jugó varios partidos en la primera de Central. El «Colorado» Saitta, que vivía por calle Guatemala, en la misma cuadra que el “Trinche”. Jugó en la primera de Central y en el Veracruz de México. A tan sólo un cuadra, vivía “Paquito” Bueno, extremo izquierdo de un despliegue físico increíble que llegó a jugar varios partidos en la primera de Ñuls, y tambié pasó por un par de clubes de Centroamérica.

Esteban Lobos, que su casa paterna estaba frente al campito de calle Santa Fé, y jugó en Central, para luego pasar a Atlético Tucumán. Aún tengo muy fresco en las retinas, cuando su padre nos mostraba el recorte de la 5ta de La Razón, en la que llenaban de elogios a su hijo por un golazo que había hecho en el partido preliminar contra Ferro. Por calle San Lorenzo, casi a  la misma altura, justo enfrente de la última cancha de Club Córdoba, vivía un volante de creación que jugó varios años en las inferiores de Central, para luego pasar a Argentino de Rosario, Rúben «Jugo» Morelli. Vale un recuerdo especial para él, ya que perdió su vida en un accidente laboral perdió su vida. Junto con el «Jugo», también vivía por calle Guatemala, atajando varios años en la primera de Argentinos, el “Pato” Del  Grande.

No voy a seguir con los nombres, ya que vamos a correr un claro peligro que esta nota se parezca a las anécdotas que cuentan en los encuentros de un grupo de ex alumnos que terminaron la secundaria juntos, en el que sólo se divierten ellos cuando cuentan las distintas historias que los unen.

El fin es trasladar al papel lo que siempre le relato a la gente que me pregunta algo sobre el famoso semillero rosarino, y especialmente, tomar el “desafío” que me hizo el  entrañable Lorusso, que escuchó atentamente la totalidad de mi relato. Y contarle que tengo el mismo orgullo que él tiene con sus queridos ídolos, que no para de recordar  jamás. Seguramente, cada barrio, pueblo o ciudad, tendrá su historia e historiador contemporáneo. A mí me tocó ésta, la del viejo Barrio Belgrano. El de los potreros que ya no están, y en los que seguramente sus fantasmas vivientes se prenden en algún picado de entre semana, luego de salir de la fábrica. Esos viejos encuentros que jugábamos hasta que caiga el sol, para dar por decretado naturalmente, la terminación del partido.

 

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