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Cultura

DIA INTERNACIONAL DEL LIBRO (POR OSCAR DINOVA)

Tengo cinco libros escritos. El primero, más técnico, «Escuelas de Alternancia, un Proyecto de Vida» describe la historia de estas maravillosas escuelas rurales presentes en nuestro país. Luego, una novela y tres libros de cuentos. El primero, «Bululú Theatre, -memorias del exilio- narra las aventuras de dos jóvenes refugiados y un puñado de mágicas marionetas. Luego, llegaron «Cuentos del Abuelo», «Crónicas de Gardel en Mercedes» y El Tren de a Vida».

Todos narran historias locales habitadas por personajes bien cercanos a todos nosotros, perros-bomberos, curas fanáticos del fútbol, travesuras barriales y plazas con amor. En este día les regalos un tramo de la mano del artista más universal que tuvimos, caminando aquí, en nuestras calles… Unos minutos después y precedido de los auspiciantes y sus guitarristas, aparece la figura inconfundible del Zorzal Criollo con el brazo extendido a modo de cordial saludo a los mercedinos presentes. Un aplauso cerrado brotó espontáneo de los cuatro costados de la calle y eso hizo reavivar el agitar de las manos de Gardel. Estaba ya a menos de un metro de la puerta negra, cuando un joven modestamente vestido hizo oír su voz poniéndose las manos como bocina en torno de la boca; – Maestro, lo queremos escuchar. – Pero ya me han oído un buen rato cheee. Tengo que descansar un poquito ahora, le explicó el Mago. – Nosotros no pudimos entrar, sabe Don Carlos e hizo el gesto inequívoco de un bolsillo dado vuelta. – Ah, bueno. Pero eso tiene arreglo, sabés… Gardel se dio vuelta, lo miró a Riverol que no necesitó más gestos. Entre cuatro hombres cercanos lo ayudaron a subir al capó del auto y acompañado de una sola guitarra se dirigió a los presentes; “Distinguido público de Mercedes; la diferencia entre un amante de la música y otro no pueden ser 20 guitas. Si ustedes no se ofenden vamos a entonar un par de tangos para que todos estén contentos hoy, ¿les parece?” Una cerrada ovación y un agitar de pañuelos fue la única respuesta. Por detrás, la fachada del Club Social de la Sociedad Italiana se transformó en el improvisado pero siempre bello escenario de este bienvenido regalo del Zorzal a su gente. Se escucha el bordoneo de su acompañante mientras Gardel se prepara para entonar la primera, no sin antes sacarse el grueso sobretodo gris que portaba y buscando entre los más cercanos acierta a posar los ojos sobre mi amigo Ricardo y le dice; – Vos pebete, tenéme esto, que vamos a arrancar. Ricardo, estupefacto aún por el pedido, dobló cuidadosamente el abrigo sobre su brazo y creyó escuchar que arrancaba Tomo y Obligo, aunque es probable que estuviera más cerca del cielo que de la tierra en esos momentos y confundiera el murmullo de la gente susurrando el tango con un coro de ángeles que había bajado a la tierra a llevárselo demasiado joven. (En Crónicas de Gardel en Mercedes, págs 136-137. Dunken, 2014)

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