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DIARIO LA NACION ANALIZA EL PERFIL DE WADO DE PEDRO

Ocurrió el miércoles a la noche, en el Hotel Sheraton de San Miguel de Tucumán, en una celebración de la Unión Industrial. Un empresario se acercó a Eduardo «Wado» De Pedro, uno de los dirigentes que viajaron con Alberto Fernández desde Buenos Aires, y, aprovechando el aire de cordialidad que se respiraba, le preguntó si él era el «comisario político de Cristina». Ante la respuesta negativa, el hombre de negocios insistió: «Bueno, pero viniste como su representante». El dirigente de La Cámpora pensó unos segundos y le dijo: «No, tampoco. El representante de Cristina es Alberto».

Cuando falta un mes y medio para las elecciones generales, y ante la reserva con la que se maneja el candidato presidencial del Frente de Todos respecto de los nombres de su eventual gabinete, pocos saben con certeza cuál será el destino de De Pedro, exsecretario general de la Presidencia, en un gobierno de Fernández. Pero todos en la coalición opositora coinciden en que este dirigente de 42 años, con una vida de película, ocupará un lugar de mucha influencia y peso político en la etapa que viene.

No es un pronóstico arriesgado. Es resultado del análisis del papel que interpreta hoy el diputado por la provincia de Buenos Aires, uno de los dirigentes de La Cámpora de mayor confianza de Cristina y de Máximo Kirchner. Wado, a secas, como lo llaman en el mundo de la política, participa en buena parte de las reuniones que mantiene Fernández. Fue también fundamental en el acuerdo electoral con el Frente Renovador, de Sergio Massa. Es, en definitiva, una pieza clave de la fuerza con más posibilidades de gobernar a partir del 10 de diciembre.

Aunque su jefe político sigue siendo Máximo, Wado se acopló como ningún otro dirigente del cristinismo puro al esquema de Fernández. Hablan casi todos los días y se reúnen más de una vez por semana, sin excepción. Referente del ala moderada de La Cámpora, cumple una tarea de articulación política entre los distintos sectores que integran el frente. También es un canal de diálogo con sindicalistas y empresarios. No es todo: como abogado, ex empleado del sindicato de judiciales e integrante del Consejo de la Magistratura, tiene una red amplia de contactos con el universo judicial.

Los nexos de Wado con el mundo empresario quedaron expuestos el mes pasado, cuando se conoció que había organizado la reunión entre Fernández y Marcos Galperin, el dueño de Mercado Libre. El empresario lo contactó este año, por medio de colegas del sector que habían conocido a De Pedro en su paso por la Secretaría General de la Presidencia, entre 2013 y 2015. Hablaron por teléfono varias veces y, tras el triunfo del Frente de Todos en las PASO, Galperin le pidió que armara un encuentro con el candidato presidencial. Los empresarios suelen elegirlo como interlocutor. «Nosotros somos peronistas. Creemos en la comunidad organizada, con gremios y empresas. Trabajamos por un modelo de país en el que haya trabajo para todos, y el trabajo lo dan los empresarios. La Cámpora cree en eso», les aclara él a los que lo miran con desconfianza.

¿Qué tiene Wado? «Es el menos trosko de los nuestros, más parecido a un peronista clásico», lo define un diputado de La Cámpora, y destaca una virtud por la que es muy valorado en la organización: «Habla con todos, pero nunca pierde de vista cuál es su terminal. Hay algunos que se ponen el traje de operadores y terminan jugando la propia, o se contagian y terminan representando los intereses de los tipos con los que hablan, como Paladino [Jorge, delegado personal de Perón durante su exilio]. Él siempre defiende a Cristina y a Máximo».

Aunque no suele poner su historia por delante, en la agrupación a nadie se le escapan su origen ni su trayectoria. Hijo de Enrique De Pedro y Lucila Revora, dos dirigentes peronistas desaparecidos, Wado se crio en Mercedes, con sus tíos maternos y sus primos, a los que considera sus hermanos. Llegó ahí después de que lo secuestraron junto con su madre, el 11 de octubre 1978, en un operativo comando en una casa de Floresta. Los militares acribillaron el baño en que se escondieron. Él tenía casi dos años y salvó su vida de milagro, porque su mamá lo metió dentro de la bañera y lo cubrió con su cuerpo.

«Tenemos un paquete para la familia Revora», le dijeron al cura párroco de Mercedes, que lo fue a buscar al cruce de las rutas 5 y 41, el 13 de enero de 1979, después de tres meses de cautiverio. Integrado a la agrupación Hijos, de adolescente organizó un escrache a Alfredo Astiz y, el 20 de diciembre de 2001, fue detenido y torturado por la policía, en la represión que terminó con la salida de Fernando de la Rúa. En el peronismo no kirchnerista también lo aprecian. «Es duro negociando, pero es cálido en lo personal, cumple la palabra y no filtra las conversaciones. Podés estar hablando un año seguido con él sin que nadie se entere», dice un dirigente que negoció con él, y cuenta que en esas conversaciones en privado Wado habla con fluidez, sin tartamudear como lo hace en público.

La disfluencia, el trastorno que De Pedro padece desde chico, lo forzó a un perfil bajo. Habló un par de veces en la Cámara de Diputados, pero no quedó conforme y prefirió no hacerlo más. Hace algunos años un neurólogo muy conocido le ofreció un tratamiento que podía acelerarle el habla, pero a costa de aletargarle un poco sus razonamientos, una suerte de ecualización. «Mejor no, dejame pensando rápido», respondió él.

La derrota de 2015 lo golpeó más que a otros dirigentes de La Cámpora. Él había tenido responsabilidades de gestión, entre ellas, el vínculo con el Poder Judicial, que encabezó su entonces socio, el exsecretario de Justicia Julián Álvarez. Es una de las facturas internas que suelen pasarle.

El viento cambió rápido. Una de las negociaciones que mejor cotizó a Wado fue la que, a fin del año pasado, permitió arrebatarle un lugar al oficialismo en el Consejo de la Magistratura. Juntó los votos de los gobernadores y de los bloques peronistas. «En tándem con Graciela [Camaño], él confió y jugó, aun a riesgo de que le saliera el tiro por la culata, y se bancó en la espalda a todo su espacio», lo elogian en el Frente Renovador.

Fue un antecedente clave para la unidad electoral. Wado mantuvo el diálogo con Massa, incluso cuando Máximo lo había interrumpido. En sociedad con Raúl Pérez, dirigente de confianza del jefe del Frente Renovador, pulieron la conformación del frente en largas sobremesas en su casa de San Telmo y en su quinta de Mercedes, donde creció y donde, desde 2015, gobierna su hermano de crianza, Juan Ustarroz. Su crianza allí le dio un perfil singular dentro de La Cámpora. Tras heredar un campo de su madre, se desarrolló como productor agropecuario, actividad que aún realiza. Hace unos años hizo una Maestría en Administración y Políticas Públicas en la Universidad de San Andrés, pero todavía no entregó la tesis. Puede que el año que viene tampoco tenga tiempo de hacerlo.

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