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EL ENEMIGO INVISIBLE

Por: Bettina Iglesias

El 26 de abril de 1986 una explosión en la central nuclear Chernobyl cubrió tierra y atmosfera de material radioactivo. El cúmulo de partículas y radiaciones que generó el mayor desastre medioambiental de la historia y afectó a más de cinco millones de personas fue nombrado “el enemigo invisible”, como se llamó y todavía se describe al COVID-19.

El 12 de marzo la OMS declara al Covid-19 Pandemia, y el día 20 el Gobierno Nacional publica un decreto de necesidad y urgencia (DNU) dictando el aislamiento social, preventivo y obligatorio.

Hoy, si se buscan datos sobre el virus la investigación conducirá a acciones y medidas gubernamentales ante la pandemia, tasa de contagios y número de decesos pero poco sobre esta cepa, su evolución o mutación; sigue siendo el enemigo invisible y desconocido. La información ha sido simplificada y sustraída a la fracción irreductible de la frase propagandista: “Quedate en casa”; medida que la Presidencia, vale destacar, ha tomado exitosa y oportunamente.

El reflector apuntado a los planes de preparación y respuesta al Covid-19 y la aplanación de la curva de contagios ha dejado en sombra un mapa enorme de realidades y carencias. Hemos sido, también, reducidos a la mínima expresión de un cuerpo vulnerable y conductor de un virus, despojándonos de psiquismo y espiritualidad.

La adaptación activa saludable ya puede ser considerada una sobreadaptación donde la adaptabilidad se hace efectiva disociándonos de las necesidades emocionales y corporales y el sufrimiento silenciado pasa a ser otro enemigo que se suma a esta batalla.

Alrededor de 50.000 pymes a punto de quebrar, endeudamientos, cierres de refugios para gente en situación de calle, proyecciones de Unicef estimando un índice de pobreza que llegará al 58,6 % en niños/as y adolescentes, aumento de femicidios, atención médica mermada y reservada sólo al tratamiento del Covid-19, abandono, soledad; Estados que no responden a una sensación sino a una realidad que se manifiesta en hechos, visibles y palpables, parecieran no ser lo suficientemente perniciosos para considerarlos enemigos.

Es tiempo de iluminarse y arrojar más luz sobre todo lo que acontece; tomar distancia y ampliar el foco; armar un plan mayor, considerando lo urgente y lo importante; defender la vida pero también honrarla.

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