jue. Ago 22nd, 2019

EL ESPEJO DEL MAL

Por: Oscar Dinova (Escritor mercedino) -Exiliado de la dictadura militar-

-Sin democracia, la libertad es una quimera – (Octavio Paz, escritor mexicano)

Hace pocos días, una prima me invitó a tomar un café en uno de los hermosos y añejos almacenes que tiene Mercedes para disfrutar de la amistad.

Una señorita, nos atiende, -servicialmente- con una agradable tonada que revelaba su extranjería. Era de Venezuela, -esto ya no nos extraña-. Nos cuenta en breve diálogo que su familia está dispersa en el mundo, en siete países diferentes, que espera alguna vez volver a verlos, que esperan -todos- poder volver a encontrarse, algún día, en su querido país.

Agradece, con respeto, nuestro interés y bendiciones para ella, sus amigos y familiares. Le digo que no, que nosotros les agradecemos su presencia involuntaria, han llegado a nuestro lado para ser el testimonio vivo de lo que puede ser una nación cuando sus gobernantes se enloquecen y vuelcan, con saña, todo el peso del Estado contra su pueblo.

Nosotros estamos ahí, en el umbral mismo dónde ya están nuestros sufridos hermanos venezolanos. En la encrucijada que nos puede llevar a los quintos subsuelos del infierno. Ya lo han adelantado, con expresiones inequívocas, los candidatos y portavoces del kirchnerismo; “revisar las causas de los enjuiciados por corrupción”, “modificar la estructura de la justicia”, “controlar los medios de comunicación y las redes sociales” y hasta la médula misma de la Constitución. Un espanto antidemocrático sin maquillaje ni anestesia.

En estas elecciones, cualquiera de los candidatos mayoritarios puede ganar o perder. Sin dudas y sin ambigüedades, cualquiera. Es el privilegio de la democracia. Será, en definitiva, y exclusivamente la voluntad de los votantes quien lo decida. Esta vez. Pero dependiendo el ganador, será así por última vez. No lo dudo ni un instante. Es una bisagra, un antes y un después. Ya vuelve con nuestros sabrosos cafés. Nos bendice y bendice a nuestro país por haberlos recibido.

Son casi 5 millones que debieron partir, varios decenas de miles están entre nosotros. Por ahora. Le cuento que yo estuve ahí, en su mismo lugar, hace exactamente 40 años llegaba a Francia como exiliado. Que desde entonces todos los exiliados son mis hermanos. La diferencia es que nunca me sentí en riesgo en esa condición. Y que regresé del exilio por voluntad propia y jamás por sentirme amenazado en el país anfitrión.

Se le ensombrece la mirada. Le reitero que somos nosotros los agradecidos por habernos mostrado, en carne propia, el espejo del mal donde mirar nuestro propio futuro posible. Que solo pagaremos esa deuda, si en estas elecciones aseguramos con nuestro voto, el sistema democrático. Que eso depende de nosotros mismos y del lugar en que deseamos vivir para siempre, en libertad, o haciendo las maletas para desintegrarnos en el mundo. Que así no sea.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: