lun. Ago 19th, 2019

EL TERCER ESTANTE DEL SUPERMERCADO

POR ACID CANDY

Que los políticos son – cada día mas – un producto de la sociedad de consumo, pareciera no merecer debate. Mal que le pese a quienes nos representan o pretenden hacerlo, son productos, mas o menos genuinos, mas o menos fabricados, mas o menos originales, mas o menos imitados.

Como productos de supermercado que, con el mejor envoltorio, procuran que el supermercadista los ubique en el tercer estante, a cada lado del pasillo (a la altura de los ojos), los políticos buscan a la prensa para exhibirse, ser vistos y valorados, usando a la prensa como manera de construirse como “productos” apetecibles para el consumidor.

Las grandes marcas conocen la diferencia de estar en el tercer estante o en el estante de abajo; saben que eso cuesta dinero y lo asumen, porque su mayor éxito radica, claramente, en un mayor nivel de exposición al público. El supermercado factura, las grandes marcas pagan. Reglas del juego. Fin de la cuestión.

Con la prensa pasa algo parecido. El político puede pagar (y ejemplos han sobrado y siguen sobrando en nuestra ciudad), para tener medios y periodistas adictos, serviles y adulones; o puede pagar, para sostener medios y periodistas independientes, que brinden espacio equilibrado a la pluralidad de voces, construyendo ciudadanía informada y civismo responsable.

Un político inseguro, con un proyecto pusilánime y escaso talento para valerse por si mismo e, incluso, con segundas (malas) intenciones inconfesables, requerirá de medios adulones, que le mientan a la gente hasta el punto justo en el que el propio político se crea la mentira del adulón. Buscará medios y periodistas que muestren todo lo bueno que hacen, alejando de la mirada del lector los aspectos mas negativos de la gestión. El mayor volumen de recursos será dirigido a aquellos que, cual mercenarios, convertirán la natural y correcta acción de cobrar pauta publicitaria en una sala de maquillaje para photoshopear la imagen del político y tergiversar sus actos para hacerlos mas agradables a los ojos del consumidor. Es un tercer estante ficticio, en una estantería desabastecida, que no convoca a ningún consumidor a recorrerla.

Durante el gobierno kirchnerista quedó bien evidenciado lo expuesto anteriormente, con un gobierno nacional que pretendía dominar con pauta a los medios y que generó medios inviables adictos, a cambio de cuantiosas sumas de dinero y falta de control de aportes laborales o de ingreso de impuestos a la AFIP.

Cuando uno escucha a Hebe de Bonafini en la TV Pública criticando al actual gobierno y afirmando barbaridades que conspiran contra el mismísimo orden constitucional, uno se olvida que en la etapa kirchnerista, por mucho menos (por hacer al aire una pregunta inconveniente al “Cuervo” Larroque), Juan Miceli fue despedido de la TV Pública.

Puede ser un modo del actual gobierno de simular verdadera libertad de expresión o puede que tal vez ese haya sido un cambio valioso para nuestra democracia luego de tantos años de látigo vía pauta, mas allá de las evidentes dificultades que el actual gobierno nacional tiene para encausar la situación económica.

La necesidad de exhibirse, de mostrarse, de llegar a la mirada del votante, alcanzó su clímax en el último gobierno de CFK con su presencia forzada y casi diaria, via cadena nacional, metiéndose en los televisores de todos, buscando hacer oír su voz, aunque solo se tratara de transmitir el precio de los zapallitos o en las escasísimas conferencias de prensa cuidadosamente planificadas (excepto, aquella famosa en Harvard). Con otro estilo, aunque dando margen a la libertad periodística, con las conferencias de prensa del actual gobierno (que – por su nivel de cobertura – resultan ser casi una cadena nacional), los actuales funcionarios quieren posicionarse también en el tercer estante.

Cierto es que lejos quedaron aquellos medios televisivos pauta-oficial-adictos que perdieron sustentabilidad al momento en que el cambio de gobierno les quitó esa simbiosis parasitaria en donde de un lado se nutrían de las arcas públicas y, del otro, se aseguraban un tercer estante… eso si, un tercer estante con pocas miradas del consumidor… como los medios gráficos que – por su tirada – semejaban pasquines de barrios o ausiovisuales que nadie miraba.

Considero que, un político seguro de si mismo, confiado en su proyecto, claro en sus intenciones y firme en sus decisiones, incluso criticado, denostado y hasta en franco declive en la apreciación pública, requiere de una prensa independiente, que le exhiba a la ciudadanía todos los resultados de su gestión, en la inteligencia de que el lugar central del tercer estante se logra dando libertad a los supermercados para que completen el tercer estante con lo que quieran mostrar; sin photoshop, ni tergiversaciones. Incluso este político tendrá la grandeza de sostener al medio independiente a pesar de que pueda recibir críticas, porque sabe que los políticos que promueven este tipo de independencia, tiene espacio asegurado en el tercer estante.

En las postrimerías del gobierno de CFK, tiempo aquel de enfrentamientos y cruces entre periodistas, medios, ministros y la mismísima ex presidente, se desviaban no solo recursos públicos para generar merchandising “clarín miente” (como si hiciera falta merchandising para saber que los medios hegemónicos generan opinión incluso mentirosa!!), sino también la mirada del observador distraído, haciéndolo perder de vista que el mayor dato del debate no es el debate de los medios en sí sino el modo en que los políticos se relacionan con las partes en pugna; esta relación “político-medio” habla del político, no de los medios y en esa mirada hay mucho para aprender. El político que entienda la lógica del tercer estante, dentro de un proyecto serio, encontrará en el periodismo independiente e informado, su mejor aliado.

El periodista valioso informa, el político valioso acompaña económicamente. Reglas del juego de una República soñada (y de un municipio soñado). Fin de la cuestión.

FELIZ DIA DEL PERIODISTA

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