jue. Jul 18th, 2019

Historia mercedina

María Mónica Brown, es Profesora de Historia, investigadora, y docente de niveles secundario y terciario.

La ciudad de Mercedes acaba de cumplir, el pasado 25 de junio, 266 años. Más de un cuarto de milenio ha pasado desde aquel 1752 cuando se asientan en estos pagos los Blandengues de la Frontera con sus 52 soldados de la Compañía “Valerosa”, al mando del Capitán José de Zárate.
Sin embargo, si nos atenemos a las investigaciones del Lic. Ricardo Tabossi, Mercedes cumpliría siete años más, dado que, en 1745 se establece en la zona un fuerte de estacada de 30 milicianos, al mando del Mariscal Juan de San Martín para salvaguardar el pago de Luján de los continuos malones indígenas. José de Zárate no hace más que instalarse en el mismo sitio.
Mucho ha sucedido, obviamente, en el transcurso de 273 años. Hechos que fueron dando una impronta característica a esa primitiva Guardia de Luján fortinera que llega a convertirse en la “Perla del Oeste” a principios de siglo XX.
Una ciudad que va transformándose en polo administrativo – institucional, a diferencia de pueblos vecinos surgidos en similares condiciones dedicados más a la explotación agrícolo-ganadera.
Una ciudad atractiva en todo momento para habitantes extranjeros de diferentes orígenes: irlandeses y franceses primero, italianos y españoles más tarde. Cada colectividad, al casarse con mercedinas o simplemente habitar el lugar, realizó su propia contribución a la expansión de la Guardia. De tal forma, en 1854 es elevada a la categoría de “Villa de Mercedes”, para en 1865, ser declarada “Ciudad”.
Este espacio estará dedicado a recorrer nuestro acontecer histórico. Instituciones, educación, economía, historias de vida, y otras yerbas pasarán por este rincón.
En definitiva, todo aquello destinado a valorizar nuestro pasado local enlazado irremediablemente con la historia provincial y nacional, en un intento de lograr que el siglo XXI y la globalización imperante, no borren nuestros recuerdos, nuestra memoria, nuestros valores y raíces. Porque, como dice el viejo refrán: “no se quiere lo que no se conoce”.
Esto recién empieza…

PRIMER PERIODO: GUARDIA DE LUJAN (1745-1812)
Prof. María Mónica Brown

La ciudad de Mercedes posee ya más de un cuarto de siglo de vida. Exactamente 266 años según la fecha grabada en el escudo local: 25 de junio de 1752. Sin embargo, investigaciones realizadas por el Lic. Ricardo Tabossi a finales del siglo XX, nos remontan siete años hacia atrás, a 1745. Con lo cual su antigüedad sería de 273 años. Si bien esta última fecha no ha sido considerada “oficialmente” como el origen mercedino, no pasa desapercibida para quienes somos apasionados estudiosos del quehacer histórico, y la consideramos como nuestro inicio primigenio.

Hecha esta aclaración, recordemos que en 1745 la frontera interna, es decir, nuestro límite entre español – aborigen, era el río Salado, por lo tanto para salvaguardar el pago de Luján de los continuos malones indígenas, se establece un fuerte de estacada al mando del Mariscal Juan de San Martín e integrado por 30 milicianos.

En aquellos años del siglo XVIII nuestra región integraba la Gobernación de Buenos Aires, perteneciente al Virreinato del Perú, con capital en Lima, siendo el río Salado frontera natural entre la provincia de Bs. As. y el indígena. “Cabe destacar que hubo un grupo de tribus que en base a tratados de paz con el gobierno, los llamados indios mansos, amigos o aliados, vivían en tierras cedidas por las autoridades (…) a quienes se les pasaba el racionamiento mensual (…) [explica la Dirección de Geodesia en un análisis sobre la Conquista del Desierto, 1987: 2-3], con el tiempo se produjo lo que se considera causa fundamental de la guerra, el robo de hacienda a los pobladores de la campaña, a falta de ganado cimarrón (…) lo evidente es que la escasez de ganado aumentaba y los indios se aproximaban cada vez más a Buenos Aires (…) las autoridades se limitaban a la defensa y conservación del territorio poblado. Con el transcurrir del tiempo las fronteras tuvieron que avanzar empujadas por el crecimiento demográfico”. Es en este marco que hacen su aparición defensiva los fuertes de Arrecifes, Areco, Luján, Conchas, Matanza y Magdalena.

Pero este fuerte de estacada de Juan de San Martín tuvo poca vida. En menos de cinco años es abandonado ya que sus milicianos no recibían la paga prometida y desatendían el trabajo de su tierra. Porque ser miliciano significaba, no sólo tomar las armas contra el indígena sino –la mayoría del tiempo- trabajar la tierra, por lo tanto, ir poblando la región con sus propias familias.

Jurisdiccionalmente, la zona pertenecía al Pago de Luján, cuya cabecera era el pueblo homónimo, que comenzaba a destacarse por la religiosidad popular hacia Nuestra Señora, bajo la advocación de Luján razón por la cual en 1756 obtendrá la categoría de Villa bajo la dirección de un Cabildo. El pago era extensísimo: desde el río Paraná hasta el río Areco en el N.O., por el E. hasta el río de las Conchas, en el rumbo S. la frontera indígena y hacia el O. el río Salado. De aquí que el fuerte se denominara simplemente “fuerte de la frontera del pago de Luján”.

Al quedar la frontera desprotegida el gobernador Andonaegui decide crear con “gentes del país” -especialmente paraguayos y santiagueños- (Tabossi, 1981: 63) el Cuerpo de Caballería Blandengues de la Frontera. Tres compañías fueron creadas: “Valerosa”, destinada al pago de Luján (hoy Mercedes), “Invencible”, para el pago de Salto, y “Atrevida” para el pago de Magdalena (hoy Brandsen).

De manera tal que llega a los restos del primitivo fuerte de San Martín, la Compañía “Valerosa” compuesta de 52 soldados al mando del Capitán José de Zárate, el 25 de junio de 1752, fecha considerada como nuestro origen.

Y aquí es importante remarcar que Mercedes tiene “origen”, no “fundación” siguiendo lo que estipulaban las leyes españolas (como fue el caso de la ciudad de Buenos Aires: palo fundacional, bando testimonial, escribano que certifica, y un fundador). En nuestro caso fue el establecimiento de un fuerte militar, el cual, además de proteger a la Villa de Luján y su Santuario, actuará como polo de atracción poblacional “espontánea”, en cuya vecindad surgirá poco a poco la ciudad de Mercedes.

Dado que este primitivo asentamiento estaba ubicado en zona inundable a causa de las crecidas del río Luján –se cree que en las inmediaciones del Tito Federal-, al poco tiempo se decide trasladarlo hacia el S, estableciéndose definitivamente en las actuales calles 29, 31, 24 y 26 (hoy Palacio Municipal). A comienzos del año 2001 una excavación arqueológica realizada por personal del Museo de Ciencias Naturales “Carlos Ameghino”, dirigida por Jorge Petrocelli y Laura Migale, acompañados del arquitecto Daniel Schavelzon (especialista en arqueología urbana) corroboró tal asentamiento al descubrir, mediante la estratigrafía de las excavaciones, la punta del foso defensivo que protegía al fuerte de forma estrellada.

¿Denominación del fuerte? Su primer nombre fue el de “San José de la Frontera”, pero enseguida se popularizó el de “Guardia de Luján”. “La misión del fuerte fue [según la Dirección de Geodesia, 1987: 12] en primera instancia, controlar a los indios, después también fue como una especie de aduana sobre el río Luján. Pero el rol más importante que cumplió fue el de reunir y organizar las expediciones más destacadas fundamentalmente a Salinas Grandes y al norte del país. El nombre del fuerte, probablemente se deba al capitán Pedro de Luján, muerto por los indios el 15 de junio de 1536 a orillas del río que tomó su nombre. También cabe la posibilidad, pero con menores probabilidades, de que se trate de un topónimo aborigen, pues a fines del siglo XVII se escribía Luxán que vendría de Luskán”.

Finalmente, no podemos descartar la influencia en este nombre ejercida por el pago y parroquia de Luján, a escasos 30 km de la Guardia.

En derredor del fuerte comienza una incipiente población, no sólo por el asentamiento de los propios soldados sino por el arribo de habitantes y colonos nuevos (entre estos últimos varias familias españolas) respondiendo a la política de avecindamiento propiciada por el monarca español, Fernando VI en instrucciones impartidas al gobernador Andonaegui en 1753 y 1756 (Iribarren, 1947; Tabossi, 1981, 1989).

Sostiene Tabossi (1989: 148) “la inclusión en el censo [de 1777] de soldados como vecinos chacareros, constituye la evidencia de que los blandengues no sólo defendieron y aseguraron como soldados la frontera, sino también que fueron ‘pobladores natos de la campaña’, en tanto levantaron rancho, sembraron trigo y formaron familia; que fueron ‘soldados-agricultores’ que supieron alternar la lanza con la esteva del arado”.

Tan grande es el desarrollo de la Guardia de Luján que en 1779 es elegida como Capital de la frontera sur de la Gobernación Intendencia de Bs. As. y sede de la Comandancia General de Frontera de Bs. As. Tres años antes se había realizado el primer censo de la región cuyo item agrario nos da cuenta de 47 vecinos en la Guardia . De ellos, 14 eran blandengues, es decir, la mitad del fuerte, porque, según su jefe, José Vague, “mi Compañía desde el año 70: no tiene más de 33 individuos.

Incluyéndose en ellos Oficiales, Capellán y dos enfermos” (Tabossi, 1989: 91).

Hay muy pocas cifras demográficas precisas de este período. Aunque sabemos que en 1796 pasa por la Guardia de Luján, don Félix de Azara narrando la existencia de un fuerte rodeado de muchas casas con una población total –contando soldados y paisanos- de entre 800 y 1000 habitantes. Otras fuentes hablan de 2000 personas. Así, la Guardia sería una de las más populosas de la frontera junto con Chascomús que tenía 1000 personas.

El mencionado viaje de Azara es importante también en otro aspecto. Según Tablas Estadísticas aportadas por Parish (1958), la Tabla VIII contiene la posición geográfica de la Guardia de Luján, confeccionada según datos de Azara. Estaría localizada a los 33º 55’ 18” Latitud Sur y 3º 4’ 14” de Longitud Oeste de Buenos Aires. El problema es que, según esas coordenadas hoy estaríamos en la localidad de Colón, en el N.O. provincial lindando con la provincia de Santa Fe. Obviamente las coordenadas de Azara/Parish son totalmente erróneas. Mercedes, es bueno tenerlo presente, se halla a 34º 39’ Lat. S y 59º 26’ Long. O (vale decir 2º 05’ al Oeste de Bs. As.).
Comenzando el siglo XIX y luego del período revolucionario de Mayo de 1810 –del cual la Guardia parece no haberse percatado- los primeros datos que poseemos sobre la misma son los aportados por el Coronel Pedro Andrés García, de finales de año, cuando, al frente de una expedición a Salinas Grandes que parte de la localidad, realiza un relato de la situación en que ésta se encontraba.

Cuenta García (1960: 3245-3247): “la Guardia, capital de la frontera y residencia del comandante general de ellas, (…) se hallaba enteramente desprovista de cañones portátiles, armas y municiones, (…) quedando éstos servidos por las milicias, (…) La población, que manifestaba haber tenido más de 300 vecinos, acaso hoy no alcanza a 100, y sus habitantes se hallan en el mismo caso que el fuerte y la iglesia [en ruinas]¸ de modo que su mayor auge lo debió a la eficacia de (…) un comandante tan político y militar, como lo fue don Francisco Balcarce, [quien] sabía calcular el mérito y adelantos de una población, auxiliando de su peculio a los mismos nuevos pobladores, y edificando casa particular, para acalorar al vecindario, estimulándolo a hacer plantíos, huertos de hortalizas, y otras económicas labores rurales”.

Tal es así que, en ocasión de realizarse un censo de tipo de militar en la ciudad y campaña bonaerense por orden del primer Triunvirato, la “frontera de Luján” contaba, en 1812, con 287 “vecinos útiles” -esto es, entre 15 y 45 años- a saber: 56 estancieros casados, 171 labradores casados y 60 labradores solteros (García Ledesma, 1988).

Detalle de la excavación, la diferencia de tonalidad en las paredes marca la profundidad del pozo del fuerte que fue rellenado luego con escombros. El lugar es propiedad privada por lo cual inmediatamente fue rellenado nuevamente (fotos propias 2001)

 

Libro consultado:

BROWN, María Mónica (2018): “Volver la mirada, 20 años para mi ciudad”, Edición de la autora.

Bibliografía citada:

CORONEL GARCIA; Pedro Andrés (1960): “Diario del viaje a Salinas Grandes, octubre 21 de 1810- 22 de diciembre de 1810”, en “Biblioteca de Mayo, Colección de Obras y Documentos para la Historia Argentina”, Tomo IV: Diarios y crónicas; Senado de la Nación, Bs.As., ps. 3241-3306.

GARCIA LEDESMA, Lucio V. (1988): “Demografía histórica de la Guardia de Luján”, en VI Cónclave Regional de Historia de la Provincia de Bs. As., Mercedes.

IRIBARREN, Alfredo A. (1947): “El origen de la ciudad de Mercedes”, segunda edición por los amigos del autor.

PARISH, Woodbine (1958): “Buenos Aires y las provincias del río de la Plata, desde su descubrimiento y conquista por los españoles”, Librería Hachette, Bs. As.

PRIMERAS JORNADAS DE HISTORIA REGIONAL (1996): “240 Años del Cabildo de la Villa de Luján”, apuntes personales, Luján.

TABOSSI, Ricardo (1981): “Los Blandengues de la frontera y los Orígenes de la Guardia de Luján”, Municipalidad de Mercedes, Bs. As.

TABOSSI, Ricardo (1989): “Historia de la Guardia de Luján durante el período hispano-indiano”, Archivo Histórico de la Provincia de Bs. As.

SEGUNDO PERIODO: PARTIDO DE LA GUARDIA DE LUJAN Y ALCALDIA DE HERMANDAD

Por: Profesora María Mónica Brown

Alrededor de la seguridad que el fuerte “Guardia de Luján” brindaba a aquellos que se aventuraban unas leguas más allá de la Villa de Luján hacia el oeste, va reuniéndose un pequeño caserío –ranchos de madera, adobe y paja en realidad- en lento pero constante crecimiento.

Unos 287 “vecinos útiles” luego de la Revolución de Mayo  (García Ledesma, 1988) habitaban el lugar. Mayormente estancieros y labradores casados (salvo 60 labradores que permanecen solteros). El dato es interesante. Estar casado significa mujer, además hijos por supuesto; vale decir, son casi 500 adultos al agregar a las esposas. Número que aumenta si tenemos en cuenta los hijos, aún cuando desconozcamos la cantidad. Y no olvidemos a los 60 solteros.

En una muy interesante investigación sobre las relaciones sociales entre las familias más destacadas de la Guardia de principios del siglo XIX, Bibiana Andreucci (2010) afirma al respecto: “Desde sus orígenes, la población creció en forma sostenida: pasó de 464 habitantes en 1782 -fecha en que se realizó el primer recuento de población-, a 5.154 en 1837. Fueron las migraciones -mucho más que el crecimiento vegetativo- las responsables de tal crecimiento: entre 1785 y 1837 arribaron a este partido 2.450 inmigrantes, que se asentaron en tierras realengas, próximas al fuerte, convirtiéndose en ‘labradores’. La Guardia, situada en un lugar estratégico, comenzó a crecer: aquí nacía la ‘rastrillada de las Salinas o rastrillada Grande’ -camino recorrido por las carretas que, desde la Guardia de Luján, se dirigían a las Salinas Grandes (Hidalgo, La Pampa) en busca de sal. Pero además, desde los acuerdos con los pampas en 1743 y con los aucas en 1770, pasó a ser la única puerta de entrada para el comercio indígena. Por eso, las pulperías fijas y volantes, los comerciantes que recorrían la campaña y los pobladores que hacían del comercio con los indios su principal actividad, la convirtieron en un ‘pequeño emporio mercantil’. También, tempranamente, adquirió su marcado perfil agrícola: en 1770 tenía sementeras de trigo de más de 200 cuadras”.

En cuanto a constitución familiar y social sostiene Andreucci (2010) que “delinear redes sociales entre las pocas familias que conformaban las élites de los pueblos de campaña, no es tarea fácil. Se diferenciaban de la burguesía porteña en el poder político, económico y social de sus miembros, que resultó ser ínfimo en relación a los primeros. Mientras que los conspicuos miembros de la burguesía porteña podían aspirar a mercedes de tierras, y luego a grandes enfiteusis en varios distritos, y a los más elevados cargos públicos en la administración; los miembros de las familias de la campaña, sólo podían aspirar a solicitar un terreno en enfiteusis o alguna parcela en el ejido y a ocupar algún cargo como Capitán de Milicias o Alférez en la en la época colonial, o a cargos en la Justicia de Paz, en la era independiente. Por ello, reconstruir las redes que vinculaban a estas familias es una tarea ardua, que requiere sumergirse en una zona de tinieblas, de fuentes escasas porque no formaba parte del bagaje cultural de estos grupos la redacción de cartas personales y mucho menos la de memorias”.

Sin embargo, todos sabemos que la convivencia entre vecinos no siempre es fácil y tranquila, imaginemos cómo habrá sido la de 600 vecinos en la inmensidad -y soledad también, por qué no- de estas pampas. Dado que el territorio estaba bajo la jurisdicción del Cabildo de Luján, éste decide, en un afán de organización y aplicación efectiva de justicia real, elevar a la Guardia a la categoría de Partido en 1812[1] y dotarla de una autoridad, el Alcalde de la Santa Hermand

 

[FIGURA 1 CABILDO DE LUJÁN –remozado, en la década de 1990-]

En este punto, no debemos confundir el cargo de la función de Alcalde ordinario, propias de uno de los seis miembros del Cabildo de la Villa de Luján[2], con la de Alcalde de la Hermandad[3] o, más comúnmente “de Hermandad”.  Sintéticamente, la función de este último, era la de perseguir y castigar a aquellos que cometían delitos en la campaña, en las zonas despobladas. Estamos frente a los inicios de la justicia rural en nuestra zona (si bien en los cabildos rioplatenses la alcaldía de hermandad funcionaba desde comienzos del siglo XVII).

“La administración de justicia en la campaña, a cargo de los alcaldes de la Santa Hermandad, tuvo sus particularidades, que la diferenciaron de la que ejercían los alcaldes ordinarios en las ciudades y villas. Constituían la Hermandad dos clases de alcaldes: el provincial, de nombramiento real, con jurisdicción en toda una provincia y asiento en el cabildo, y los partidarios, uno por partido, de los comprendidos en la provincia” sostiene Levaggi (2009: 318).

Siguiendo el Libro de Acuerdos del Cabildo de la Villa de Luján (Años 1806-1814, Tomo II), en la sesión del 15 de junio de 1812 (Tomo II: foja 162 vuelta), los cabildantes lujanenses fundamentaban la importancia de la designación de una autoridad para nuestra zona en “la grave necesidad que hay de un Juez en la banda de afuera de la Guardia Frontera de esta Villa que administre Justicia en aquellos destinos donde al paso que ya es muy copioso el número de Gentes, establecimientos, labrantías y crías de Ganados, experimentan también los Hacendados labradores, y bibanteros [sic], continuos robos, excesos, y otros perjuicios por falta de tener un Juez Real que vele, y castigue dichos Crímenes, administre Justicia, y haga guardar el orden necesario entre aquellas gentes: quienes validos de la gran distancia para el recurso se toman las más ocasiones por propia mano el resarcimiento de los daños”.

Llama la atención que, en las distintas sesiones, no hay una única denominación para la Guardia. Aparece mencionada indistintamente como “Chacras de Luján afuera”, “banda de afuera de la Guardia”, “frontera de la Villa de Luján”, o “Guardia frontera de la mencionada villa”, o simplemente la “Frontera de Luján”.

Para la ley española ser designado alcalde de hermandad “no les otorgaba voz ni voto en el cabildo, donde normalmente no estaban presentes. El requisito de ‘saber leer y escribir’, distintivo del oficio de alcalde ordinario, no fue exigible ya que el tipo de justicia que debía administrar (además de lega) era oral y sumaria. El candidato de cualquier modo debía ser natural de alguno de los reinos de Castilla, vecino de la ciudad donde se le elegía y debía preferírselo si era benemérito. Elegidos anualmente en la misma sesión en que se votaban alcaldes y regidores (el ritual municipal mandaba que se los eligiera después de aquellos), los alcaldes de la hermandad debían ser confirmados por el virrey, el gobernador o la Real Audiencia, según la relación que mantuviera la ciudad con sus instancias superiores en cada momento. El cumplimiento de esta formalidad, que existía para todos los cargos capitulares, solo fue exigido ocasionalmente, y sobre todo cuando se quería limitar algún derecho u obstaculizar el acceso de alguien a su puesto. Aunque, como en el caso de los alcaldes ordinarios, se recomendaba el hueco de un año, las reelecciones consecutivas de los alcaldes de la hermandad- al menos en Santa Fe- fueron muy frecuentes”, afirma en su investigación Barreira (2012: 7)[4].

Planteadas así las cosas, el acta de la sesión del 6 de agosto de 1812 del Cabildo lujanense (Tomo II: foja 167 vuelta) transcribe la aprobación del nombramiento de un Alcalde de Hermandad por parte de Miguel de Azcuénaga, Gobernador Intendente de la provincia, quien remite copia autorizada conteniendo los términos bajo los cuales deberá regirse el nuevo Alcalde. La misma, copiada textual en el acta de la sesión, expresa la conveniencia de “que V.E. prevenga a los Alcaldes ordinarios de Luxán, que deleguen en aquella jurisdicción competente, para que proceda en todo lo criminal que se ofrezca formando Sumario, y aprehendiendo los Reos, lo que remita a dichos Alcaldes, según se practica en esta Capital o como V.E. estime más arreglado. Bs. As. Junio 29 de 1812”. Agregando que debido al poco conocimiento de las gentes que habitan la “Frontera” y dado que de entre ellos debe elegirse tal Alcalde, la elección se suspendía hasta la verificación de vecinos aptos para el cargo.

Realizada esta indagación sobre los vecinos de la zona de la Guardia, por votación unánime, el 21 de agosto (Tomo II: 169) se elige como Alcalde de Hermandad para ese año (el cargo era anual) a Felipe Casas, quien presta juramento el 26 de septiembre “por Dios, Nuestro señor, y una señal de Cruz según forma de derecho; y por él ofreció cumplir fiel, legal, integra y desinteresadamente, con el empleo” (Tomo II: 176).

[FIGURA 2- ALCALDE DE HERMANDAD montado, de Eleodoro Marenco]

Al mes siguiente, viendo que para Casas era imposible cumplir él sólo con toda la tarea dada la gran extensión del Partido, le asignan dos Jueces Comisionados para ayudarle: Felipe Meneses y Pedro Burgos.  En su juramento queda clara que su función se limitaba “únicamente a aprender Vagos, Ladrones, Desertores, y toda gente perjudicial” (Tomo II: 182).

Como dijimos que el cargo era anual, el 23 de diciembre cesa Casas en su función (sólo había ejercido el cargo cuatro meses) siendo reemplazado por el vecino Nicolás Amarillo, quien presta juramento el 20 de enero de 1813 (Tomo II: foja 188 vuelta y Tomo III: 202 vuelta).

Finalmente, el 17 de enero de 1818, el Cabildo de Luján crea el cargo de Teniente Alcalde para terminar con la gran delincuencia que existía en la jurisdicción del Cabildo en aquellos años (Cuaderno de Acuerdos, 1818). Estos funcionarios serían elegidos por el Alcalde.

Aunque no poseemos mayores datos demográficos, el incremento de funcionarios judiciales es un indicador del aumento poblacional. Pero, existe un indicador más: el educativo.

El 17 de febrero de 1818, el Cabildo de Luján, viendo la gran cantidad de jóvenes analfabetos que hay en su jurisdicción decide instalar en cada pueblo “una Escuela de Primeras Letras desempeñada por preceptores de Luces y juiciosidad” subvencionada con “medios que no siendo mayormente gravosos al vecindario, ni en perjuicio del Herario [sic] del Estado, sufraguen lo necesario para la dotación de cada Escuela, que será de docientos cinquenta [sic] pesos anuales”. Se acuerda para reunir la suma un impuesto de medio real por cada fanega de trigo, medio real por cada cabeza de ganado vacuno que se venda, o dos pesos por cada cuadra de quinta, para los pueblos de San Antonio de Areco, Capilla del Señor y Guardia de Luján dado que su cantidad de población así lo permite (Cuaderno de Acuerdos, 1818). Lo expresado indica la creación de una escuelita para nuestros pagos a la cual podríamos llamar “pública”. Aunque no conozcamos exactamente el lugar físico donde impartiera su primera clase, cabe preguntarnos ¿estaremos frente a los inicios de la actual Escuela Primaria Nº 2? Porque es sabido que, aún cuando posee este número, es la primera en el tiempo, su ubicación céntrica –calle 26 entre 29 y 31, sobre los laterales de la Municipalidad-así lo atestigua.

Resta remarcar que la función de Alcalde de la Hermandad sólo estuvo vigente escasos diez años: desaparece junto con los Cabildos a fines de 1821, durante la gobernación de Martín Rodríguez, a instancias de su ministro de gobierno, Bernardino Rivadavia.

 

Libro consultado:

BROWN, María Mónica (2018): “Volver la mirada, 20 años para mi ciudad”, Edición de la autora.

Bibliografía citada:

ANDREUCCI, Viviana (2010): “Familia, redes y poder en la Guardia de Luján”, en Revista virtual Mundo Agrario, Vol. 11, N° 21, ISSN 1515-5994, Universidad Nacional de La Plata, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Centro de Estudios Histórico Rurales.

BARREIRA, Darío G. (2012): “Justicias rurales el oficio de Alcalde de la Hermandad entre el Derecho, la Historia y la Historiografía (Santa Fe, gobernación del Río de la Plata, siglos XVII a XIX”, en Revista CONICET- Digital N° 18624

COMPLEJO MUSEOGRÁFICO “ENRIQUE UDAONDO”, Archivo “Dr. E. Zeballos”, a) Libro de Acuerdos del Cabildo de la Villa de Luján. Años 1806-1814.  b) Cuaderno de Acuerdos del Cabildo de Luján de 1818.

GARCIA LEDESMA, Lucio V. (1988): “Demografía histórica de la Guardia de Luján”, en VI Cónclave Regional de Historia de la Provincia de Bs. As., Mercedes.

LEVAGGI, Abelardo (2009): “La Alcaldía de Hermandad en el Virreinato del Río de la Plata (1776- 1810) Casuística y jurisprudencia”, en Revista de Estudios Histórico – Jurídicos XXXI, Valparaíso, Chile, págs. 317-348

NESPOLO, Eugenia A. (2012): “El Cabildo de Luján y su jurisdicción: gobernar en la frontera bonaerense”, en Revista virtual Atek Na Historia, ISSN: 1668-1479, págs. 207-249

 

[1] Hasta 1812 el Cabildo lujanense tenía jurisdicción sobre cuatro partidos con sus respectivos Alcaldes: Cañada de la Cruz, Pilar, San Lorenzo de Navarro y San Antonio de Areco.

[2] Según Néspolo (2012: 221):“Los cabildantes mencionados del ayuntamiento de Luján se encargaban de varias funciones: el alcalde administraba justicia, el alguacil mayor tenía la misión de ejecutar las resoluciones de los magistrados, el defensor de menores cuidar a los huérfanos y pupilos de su educación y defensa de intereses. Por otro lado, el defensor de pobres era el funcionario que representaba y defendía a los litigantes y encausados que carecían de defensor particular. El mayordomo del cabildo guardaba las llaves de la sala capitular y demás oficinas y corría con el arreglo de la casa, actuaba igualmente como escribiente y debía concurrir a las funciones con traje y ceremonia. Por último, el alférez real no sólo tenía voz y voto en los cabildos, sino que era el funcionario que llevaba el real estandarte en las grandes solemnidades (Udaondo 1939:25; Zorraquín Becú 1967, entre otros)”.

[3] La Santa Hermadad fue una institución permanente creada por los Reyes Católico para el reino de Castilla en 1476 y trasladada a América con el avance colonizador.

[4] Ampliando las funciones del Alcalde de la Santa Hermandad, expresa Barreira (2012: 8): “Podían resolver in situ y oralmente la mayor parte de los conflictos en los que intervenían. Estos asuntos fueron robos a casas, carretas, asaltos en el camino o insultos, golpes o reyertas que terminaban con alguna herida. Si el pleito involucraba un monto económico superior a los 50 pesos tenían que levantar un sumario- en general lo hacían oralmente, llegando a la ciudad- para que interviniera el alcalde ordinario del cabildo. Si una pelea terminaba con un homicidio tampoco podían juzgar: en casos ‘de muerte’ debían llevar a la ciudad el sumario y, en lo posible, al reo maniatado para ponerlo a disposición de la justicia ordinaria. En casos de indios tenían que levantar el sumario y llevarlo ante el alcalde de primer voto, excepto que se tratara de robo de ganados, delito frente al cual podían conocer y sentenciar oralmente. Sin embargo, es probable que gran parte de su trabajo no llegara a la sumaria escrita: una de sus funciones primordiales fue la mediación- cuyo objeto podían ser peleas entre vecinos pero también conflictos de tipo económico o diferencias de opinión sobre términos de tierras o marcas de ganado- tarea que no dejaba registro escrito. A los alcaldes de la hermandad también se les asignó tareas de auxilio a la justicia: debían responder al requerimiento de alcaldes ordinarios para la búsqueda en la campaña de acusados o testigos. Responsables del patrullaje de las zonas ‘despobladas’, eran sobre todo depositarios de una tradición de saber qué hacer con la gente que vivía en esas tierras que se extendían más allá de las quintas”.