LA NOCHE DE LOS LÁPICES / 16 DE SETIEMBRE 1976-2020

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-No fue una sola noche, fueron muchas noches. Una que duró largos años. De alguna manera habíamos ido hacia ella, con una insensatez propia de los verdes años. Y ahora que la vemos a la distancia, queda un inmenso dolor por las jóvenes vidas perdidas y por ideales defendidos con el alma enorme y los bolsillos vacíos. Escribí esta crónica sin edulcorantes, de días vividos a puro vértigo, en la esperanza que los jóvenes de hoy, puedan disfrutar de una democracia perenne, sin flores cortadas y donde aporten todas sus fuerzas creativas. Los necesitamos más que nunca-
“Todo estaba como en sordina, las instituciones republicanas no funcionaban, pero eso no nos preocupaba demasiado, ya servían de poco y nada antes del golpe, aunque la diferencia la sentiríamos cruelmente. Lentamente nos deslizamos a una guerra de aparatos, tareas de inteligencia pero de entrecasa, adónde vivía un milico, quién era aquél, infiltrarnos en trabajos o lugares claves. Sin darnos cuenta la lucha por las injusticias de los más pobres perdían importancia, iban quedando a un costado. También algún entrenamiento físico o de armas pero sin armas, que visto a la distancia, se me hace ridículo. Pasaron varios meses como girando en el vacío y un día, en una cita como cualquier otra, el Pícaro me dice con ojos vidriosos;
– Se lo llevaron a Pomelo.
– ¿A Pomelo? ¿Cómo se lo llevaron? ¿Está detenido, dónde?
– No se sabe, no dicen, continúa el Pícaro contrariado.
– ¿Pero quién fue?, ¿Cómo qué no saben?, no entiendo. ¿Está en una comisaría no, o en la cárc…?
– Broto, -me interrumpe-, apoyándome una mano cálida sobre el brazo. Llegaron como a la una de la mañana al departamento del padre en un cuarto piso, Pomelo vivía en planta baja. Los llevó hasta ahí pensando que era todo legal. Le dijeron que Pomelo los tenía que acompañar. Se puso un pullover arriba de la camiseta del LPRC, él juega al rugby ¿sabés?.
– Como al Patulo, reflexiono, igual que el Patulo, eran milicos, pero encubiertos ¿te acordás? bueno… ¿y?

– Nada, el padre se da cuenta que el documento estaba en la mesa de luz y se va hasta la comisaría a llevárselo. Sapo, acá no está, no señor, no sé señor, blá, blá, blá. No señor, orden de arresto no hay, no. Hace dos días que lo buscan por todos lados, la puta madre.
El papá es artista, tiene conocidos, abogados, presentaron recursos, nada, no figura en
ningún lado.
– ¡¡No entiendo nada!! ¡Cómo qué no está! ¿Qué hacemos? digo, confundido.
– Si el Pomelo conocía algo tuyo, levantá todo, casa o trabajo, no importa. Además hay que salir a pintar hoy mismo, la consigna es; “Libertad a Abel Vigo, delegado del boleto”, pero firmen como Coordinadora del Boleto Estudiantil, no la UES, sino lo quemamos.
– ¿Ese es su nombre, Abel Vigo?, pregunto y aclaro que con el único que puedo salir es con el Dracu, rápido así, no tengo a nadie más con quién hacerlo.
Asienta con la cabeza, me da un abrazo y se va, sonándose la nariz. – La puta madre, la reputa madre, repito aturdido y cruzo la calle para cualquier lado”
Del Cuento,»Quince Minutos», en el libro El Tren de la Vida (Ed. Dunken, 2017, Oscar Dinova)

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