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MERCEDINOS EN TIEMPO DE CORONAVIRUS: ¿NO ES UN BUEN MOMENTO?

Por: Marcelo Melo

Muchos creíamos, otros aún creen, que esta pandemia que azota al planeta tierra y nos mantiene en cuarentena nos iba a dejar un sinfín de enseñanzas. Esas esperanzas de a poco, y con el correr de los días, comienzan a desvanecerse.

El tiempo para pensar y reflexionar sobre lo que nos pasa, de cómo vivimos, del consumismo avariento de distintos sectores de la sociedad nos demuestra claramente que difícilmente esto suceda.

Otro de los temas de suma importancia, era tener a cargo de los diferentes estamentos del Estado, una dirigencia que esté a la altura de las circunstancias. Aún hay tiempo, pero de a poco y observando cómo se van desarrollando los acontecimientos no sólo a nivel local, sino también provincial y nacional, se van acabando.

En la fantasía de quién escribe, existe -¿la utopía?- de cambios fundamentales no sólo como sociedad, sino también como Estado, como Comunidad social con una organización política común y un territorio y órganos de gobierno propios que es soberana e independiente políticamente de otras comunidades. En la que estamos incluidos todos. El vecino, el verdulero, el abogado y el intendente.

La necesidad imperiosa en éstos tiempos que nos toca vivir, en la que es urgente que desde la dirigencia política toda aparezcan estadistas. La Real Academia de la Lengua Española define la palabra “estadista” como “Persona con gran saber y experiencia en los asuntos del Estado”, pero su significado va más allá de una breve definición académica. Una frase de Winston Churchill, define claramente lo que es un hombre de Estado: “El político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones.”

Nadie hace referencia a una refundación de cada uno de los Estados. Locales, provinciales o nacionales. Lamentablemente, el tiempo transcurre y nada de eso se escucha o se lee. Y, vaya paradoja, son momentos convenientes e inmejorables para poder realizarlo.

La profunda crisis que desde varios aspectos dejará el Coronavirus, puede resultar una posibilidad enorme para todos. Y puede ser leída de esa manera en cualquiera de los Estados.

Imaginemos: Desde lo económico se podría realizar una profunda reestructuración. Quizás pueda ser refutado con un Presupuesto en mano por alguien que conozca los números al dedillo. Pero no debe estar tan lejano a la posibilidad de llevarlo adelante con cambios y retoques.

¿Sería muy alocado en una ciudad como la de Mercedes en donde el porcentaje de cobrabilidad de tasas es extremadamente bajo, barajar y dar de nuevo? Por ejemplo, una reorganización contable en la ciudad que ha fracasado a lo largo del tiempo. Ya los intendentes Gioscio, Selva y Ustarroz no pudieron elevarlo. O sea, mucho más de 3 décadas de políticas recaudatorias que no lograron nada interesante. ¿Qué pasaría si en el mes de mayo se anuncia una condonación de deudas –sobre todo a los sectores más destrotegidos- y que podría llegar a alcanzar a amplios sectores sociales para arrancar de 0, con diferentes reglas, y políticas fiscales claras y reales? La caída de la recaudación, no hace falta estar en el gobierno para imaginar una estrepitosa baja en estos meses, refuerza la idea. Que el Estado pueda  acordar el inicio de un nuevo “contrato social” en el pago de las tasas de una manera equitativa, solidaria y responsable. Lógicamente, mejorando los servicios también.

Desde lo político, se podría realizar una profunda reestructuración acorde a los tiempos que se vienen. Y no sólo en la estructuración municipal, sino de la dirigencia política en general. Lograr convocar a los mejores hombres y mujeres, además de los políticos, para establecer políticas de Estado en los sectores vitales para la sociedad como lo son la salud, la educación y el trabajo. Trabajar esos temas sin mezquindades, pensando en el bienestar general, convencidos todos esos sectores y trazar políticas a 30 años. Para decidir el rumbo. Claro y preciso. Esté el gobierno que esté. Que sepamos claramente hacia a donde vamos en esos temas porque fue una decisión de todos.

Podemos tener matices de diferencias políticas en varias cuestiones, pero no en cuestiones tan profundas e importantes. No puede ser que en una ciudad en la que ya no nos conocemos todos, pero que no es una gran ciudad en lo que a cantidad de habitantes se refiere, que el municipio muestre que realice un control de precios que es claramente contrastable con sólo ir al supermercado del barrio. Y los lectores ya cansados del manoseo, algunos se quejen, pero que la mayoría ya ni alza la voz por el abatimiento. Hay un claro caso que tiene que ver con esto. Y no es ir en contra del propietario que debe tener sus necesidades de ingreso económico como todos, y que tampoco sabemos quién es. En la ciudad no hay restaurantes ni bares abiertos, se sabe. Pero ya es conocido por varios empresarios gastronómicos que enojados comentan que ellos mantienen sus puertas cerradas y realizan malabares para ver cómo le pagan a sus empleados, mientras hay una parrilla abierta al costado de la ruta 41 trabajando casi con normalidad. No es claro, ni es justo.

Podríamos también hablar del momento de una democratización de los gremios. Cambios en la Justicia. De los impuestos, y de un nuevo sistema jubilatorio y laboral. También podríamos tomarlo desde la seguridad, la inseguridad vial y la necesidad de ser respetuosos, la necesidad imperiosa de la utilización del casco, entre muchas otras. Cada área pensando en fortalecer su sector, mejorarlo. Y para todo esto, sólo se necesita una sola cosa: Decisión política.

Pudimos consultar a algunos pocos funcionarios y trabajadores municipales sobre si sabían qué iba a pasar con la próxima Fiesta Nacional del Salame Quintero. En su gran mayoría, la respuesta fue una sonrisa, y un “ni idea. Falta mucho y no es momento de pensarlo. Estamos en cuarentena.” ¿Para qué hay diferentes áreas en el municipio entonces?

La Fiesta del Salame podría repensarse. Comenzarla a organizar con tiempos. Con la participación de varios sectores. Se puede ir organizando algunas cuestiones como fueron siempre. Pero si para el segundo fin de semana de septiembre aún no se pueden organizar eventos multitudinarios,  existe la posibilidad de hacer la Fiesta del Salame de manera virtual. Convocando a una gran transmisión con músicos locales –y por qué no nacionales que ya han sido contratados y que esta vez cobren poco dinero, incluso, hasta con músicos cercanos políticamente al gobierno nacional que sean solidarios-. Con venta del tan preciado salame quintero vía internet. Y abierta a la solidaridad de quienes se sumen a la transmisión para ayudar a ONG`s, bomberos, hospital, o a quién más lo necesite. La producción del salame continuaría y sería un fuerte respaldo a los productores. La solidaridad se pondría de manifiesto. Los músicos serían la atracción, además de videos editados y trabajados mostrando como se realiza un buen salame, su historia, resaltar hechos y cuestiones mercedinas, entre otros tantos temas más. No se necesita una gran inversión, y aún no dando resultado, se intentó algo diferente, se apostó por la producción local y se invirtió para que la fiesta sea más conocida de lo que es, a todo el mundo. Esto es sólo una vaga idea, trabajándola, se podría conseguir más ideas y métodos únicos y llamativos.

Son muchos los cambios que se pueden realizar pensando una ciudad, una provincia o un país a futuro. Quizás la problemática diaria lleve a los dirigentes a estar continuamente en “tapar pozos”. Y en esto están incluidos todos. Oficialismo, vecinalismo, partidos tradicionales y gente que esté vinculada a la política pero que ya no participa activamente.

Tenemos la posibilidad de dar un salto de calidad. Y es el momento justo. Existes muchísimos sistemas más serios, creíbles y ecuánimes. Sabemos que es un trabajo arduo, extremadamente difícil. Pero algún día debemos dar el primer paso. Sin intentarlo nunca vamos a saber si se puede o no. El momento es el adecuado. La situación general que da miedo enfrentar lo que probablemente vendrá, puede servirnos como trampolín.

Es necesario una dirigencia audaz y responsable que analice en dónde estamos parados y las puertas que se abren si es que así vemos las cuestiones cuando se nos pone por delante una crisis. Y si no es factible la realización de semejantes cambios, al menos que en la cabeza de muchos de nosotros comience a rondar la idea. Y si se producen debates, mucho mejor. Seguramente aparecerán ideas en muchos de los que lean. El camino siempre se hace al andar.

Sería un buen momento.

 

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