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“SAN MARTÍN Y ROSAS, UNA AMISTAD OLVIDADA”

Por:

Juan Manuel Bories, presidente.

María Mónica Brown, secretaria.

Mail de contacto ins.rosasmercedes@gmail.com

INSTITUTO JUAN MANUEL DE ROSAS DE MERCEDES

 

Han pasado 169 años del fallecimiento de José de San Martín y aún desconocemos -por ser muy poco divulgadas- facetas de su vida y de su carácter. Éstas son las relacionadas con el gobernador y caudillo de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas.

Las razones de tal ignorancia son evidentes. Aún cuando pasan las décadas, la figura del Restaurador de las Leyes genera en algunos (¿o muchos?) historiadores, críticas y rechazo producto de aquella historia “oficial” construida por la historiografía argentina liberal de fines del siglo XIX sin fundamento documental alguno. O lo que es más cuestionable, parcializando y tergiversando los documentos, repitiéndose verdades dudosas sin revisar las fuentes primarias a lo largo del siglo XX y aún en este siglo XXI.

Las cartas de José de San Martín dan por el suelo con aquella historia oficial y nos muestran otra realidad. Una muy distinta. Una que explica por qué el Libertador deja en su testamento como legado a Rosas su sable corvo. El sable que lo acompañó toda su vida y empuñó durante la campaña libertadora a Chile y Perú.

A lo largo de las dos gobernaciones de Juan Manuel de Rosas, San Martín fue demostrando simpatía y apoyo al caudillo en diferentes hechos históricos entre 1830 – 1850, año en que fallece. Lo hizo en diversas cartas a Tomás Guido y en correspondencia directa con Juan Manuel. A través de ellas podemos realizar un seguimiento de los sucesos políticos rioplatenses.

En primer lugar, al enterarse de la elección de Rosas como gobernador de Buenos Aires comienza a demostrar simpatías hacia su persona. Escribe a Guido desde Bruselas (6 Abril 1830): “Yo no conozco al Sr. Rosas pero según tengo entendido tiene un carácter firme y buenos deseos, esto basta pues la falta de experiencia en el mando la adquirirá (que no es mala escuela la de mandar ese pueblo) bajo la dirección de buenos ministros”.

En otra carta (febrero de 1834) le expresa: “el hombre que establezca el orden en nuestra Patria: sean cuales sean los medios que para ello emplee, es el sólo que merecerá el noble título de libertador”.

En consecuencia, al asumir Rosas su segundo gobierno con la suma del poder público, escribe desde Grand Bourg: “Ya era tiempo de poner término a males de tan tamaño, y para conseguir tan loable objeto yo miro como bueno y legal todo gobierno que establezca el orden de un modo sólido y estable”.

Por otra parte, clara muestra del respeto y consideración del Restaurador hacia el exiliado en Francia es el decreto del 17 de julio de 1839, por el cual Rosas nombra a San Martín Ministro Plenipotenciario de la Confederación Argentina ante el gobierno de Lima, Perú.

Sin embargo, San Martín no acepta. Alega, entre otros motivos, su cercanía con los dirigentes peruanos, y expresa:“no ha habido crisis en aquel Estado sin que muchos hombres influyentes de todos los partidos me hayan escrito exigiendo mi consentimiento para ponerme a la cabeza de aquella República”. Rosas aunque acepta la negativa, le envía una carta privada dónde le manifiesta su tristeza por el rechazo.

Además, Rosas reconoce oficialmente la importancia que San Martín posee para la historia argentina. Desde 1844, y en forma ininterrumpida hasta su caída, Rosas recuerda a San Martín en sus mensajes anuales ante la Legislatura porteña todos los fines de año. Este es el primer reconocimiento público y oficial que San Martín recibe en vida y de un mandatario americano. Como el gobierno le remite impresión de estos discursos, el Libertador toma conocimiento de estas menciones, agradeciéndoselas. La primera vez le escribe diciendo: “He visto el honroso recuerdo que hace Ud. de los cortos servicios que la suerte me proporcionó rendir a nuestra patria; como usted debe suponer, esta manifestación del primer jefe de la República me ha sido altamente lisonjera. Reciba usted apreciable general, mis más sinceras gracias por las bondades con que usted honra mi memoria”. Respondiéndole Rosas: “La gratitud de la Confederación Argentina y de la América nunca puede olvidar a usted: lo seguirá a su retiro y siempre honrará su memoria”.

Es por ello que algunos historiadores consideran que San Martín fue el primer “rosista”. Por  supuesto que San Martín sabe que sus cartas podrían ser utilizadas políticamente como publicidad favorable al rosismo. Asimismo las escribe y las envía. Sus cartas contienen lo que el Libertador quiso, con plena conciencia, expresar sobre Juan Manuel de Rosas.

En otros hechos y situaciones históricas también hallamos correspondencia entre ambos que avala la relación de mutuo acuerdo, cercanía y simpatía entre ambos. Seguramente en futuras notas profundizaremos sobre ellas.

En este marco, hoy, a la luz de los documentos primarios y como integrantes del Instituto Juan Manuel de Rosas de nuestra ciudad, no tenemos dudas. Nos resulta perfectamente claro y entendible por qué el sable corvo del Libertador pasa a manos del Restaurador.

Va nuestro recuerdo y reconocimiento, entonces, a don José de San Martín como uno de los Padres Fundadores de nuestra Patria en un nuevo aniversario de su paso a la inmortalidad.

 

 

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