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UN LUMINOSO DÍA DE JUSTICIA

La oscuridad no existe, sólo es
en realidad la ausencia de luz (A. Einstein)
El lunes pasado, en la parafernalia de noticias cotidianas que devoran a las del día anterior, una destelló, en el contexto de esta pandemia que nos sume en preocupaciones sanitarias y de otras índoles, más graves aún.
En un pequeño, pero magnífico pueblo de Brasil, -Paraty-, heredero de una arquitectura imperial lusitana exquisita, un hombre fue detenido. Fueron unos segundos televisivos apenas. Su figura de adulto canoso no ameritaba, en principio, detenerse demasiado tiempo en él. Unos medios gráficos cordobeses fueron los primeros en explayarse sobre su caso.
Buscamos, leímos diarios en español y portugués. El avance de la semana fue trayendo más detalles. No era alguien más en nuestras vidas. Se trata de Gonzalo “Chispa” Sánchez. Prefecto de origen, devenido un “perro de la guerra” por las fuerzas armadas, que olvidando el mandato sanmartiniano, convirtieran nuestro territorio en un espacio de caza y muerte.
Pertenecía al Grupo de Tareas 3.3.2, el más especializado y eficaz cuerpo de desaparecedores que generara la nefasta Dictadura Militar Argentina y que tuviera asiento en la ESMA. Había participado de la muerte de Rodolfo Walsh y el secuestro y quema de su cuerpo. Había ganado pues, una oscura notoriedad por haber puesto entre sus víctimas, al conocido escritor y periodista, asesinado el 25 de marzo del ´77 y por permanecer prófugo desde el año 2000 en territorio brasileño.
Para nuestra familia esta pequeña noticia nacional ha tenido otra trascendencia. Este militar, maquillado de forajido, integró el grupo operativo que secuestrara, el 14 de agosto de 1977 al marido de mi esposa Diana y padre de nuestra hija Victoria; -Alejandro Roberto Odell-, junto a sus amigos, Marcelo Carlos Reinhold y su esposa Susana Beatriz Siver, embarazada de cuatro meses.
Luego de meses de una cruel detención, los tres fueron asesinados en supuestos enfrentamientos y en los vuelos de la muerte, de los cuales el ahora apresado Sánchez, se jactaba en ser un especialista. Sólo la bebé, Florencia Laura, pudo sobrevivir y luego de muchos años recuperar su identidad y orígenes.
Sánchez, fue detenido por orden del Juez Luiz Fux, del Supremo Tribunal Federal brasileño y deportado, en un tiempo de 72 horas hacia la Argentina. No importaron aquí, en modo alguno, los colores políticos de los mandatarios de ambos países. Fue la decisión soberana de la Justicia.
Es el triunfo del concepto profundo de democracia. Sánchez estuvo prófugo dos décadas, al abrigo de impunidades legales y de las otras. Había jugado a ser un dios que decidía sobre la vida y muerte de las personas y hoy es un simple sujeto, puesto en manos de las instituciones que mancilló, salvajemente.
Verlo trasladado por las fuerzas federales y sometido a los tribunales nos debe fortalecer y sabernos, pese a marchas y contramarchas, en el buen camino. Sus víctimas tienen en estos días un poco más de paz… y nosotros también.
Ha sido un luminoso día de Justicia. Aislado quizás, pero alentador.
Que siga brillando entonces.
Oscar Dinova, escritor.

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