ALEJANDRO LOMBARDO CUMPLIO EL SUEÑO DE VIVIR VIAJANDO, PERO LA PANDEMIA LO FRENO EN SU MERCEDES NATAL

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Alejandro Lombardo es un mercedino que le gusta vivir arriba de un vehículo. Si es viajando y con sus compañías mascotas, mejor aún. De a poco fue desarrollando su concepto de viaje en manada, de libertad y las comodidades en los viajes. Manada con ruedas creció.

Hoy, Alejandro está varado junto a Zimba y Jungla -su familia- en la ciudad que lo vio nacer, Mercedes. La pandemia también frenó a quienes viven viajando. Parece que será por poco tiempo más. Sus ansias de partir crecen con el paso de los días, y el Mercedes Benz 1114 está presto a partir.

Alejandro junto a su familia: Zimba y Jungla

La historia que vamos a contar, es la de un mercedino varado en la propia ciudad que lo vio nacer. La pandemia y la imposibilidad de andar cruzando ciudades, provincias y países lo mantienen anclado Mercedes.

¿Cuánto hace que vivis de esta manera?

Yo arranqué de manera importante en el año 2011. Ese año hice Sudamérica en un Rastrojero. Luego estuve parado un tiempo, y después volví a salir. He viajado con otros autos. Ahora me agarró la pandemia y quedé “secuestrado”.

¿Qué idea tenés apenas puedas poner primera?

Mis ideas son varias. Tengo varios planes, pero no sé cuál voy a poder realizar. Quiero hacer la ruta Trasamazónica en Brasil, la carretera Austral del sur de Chile, la ruta 40, toda junta en un sólo viaje. Pero no se cuál voy a poder. Si ninguna de esas se puede, me subo al colectivo y me vuelvo al sur. Y me quedo allá.

¿Cómo nace la idea de vivir arriba de un vehículo?

Uf, qué se yo… Tuve la suerte que me echaron de un laburo en Buenos Aires. Era visitador médico y me sacaron por reducción de personal. En ese momento tenía un autito más o menos nuevo. Lo vendí, compré el Rastrojero y me dije de irme a recorrer Sudamérica. De una quise hacerlo. No quería repetir la misma historia. Para lograr resultados diferentes, hay que hacer cosas diferentes. Y ahí le encontré la vuelta, luego de empezar a hacer las cosas que yo quería.

¿Pero las ganas de viajar siempre estuvieron en vos, o nació del día a la noche?

Las ganas de viajar creo que las tenemos un poco todos. Algunos con ideas más fuertes, otros con lugares lejanos. Otros lo tienen siempre como que les gustaría poder hacerlo y les queda siempre esa materia pendiente. En mi caso no sé si fue el huevo o la gallina. Si quería hacer algo diferente, y una vez que empecé a hacerlo, me di cuenta que todo lo demás a mí no me servía. La vida esa de tener que levantarse para trabajar e ir envejeciendo no va. Cuando envejeces -y si llegas a viejo-, te das el premio de unos pocos años comprándote una casa rodante e ir a recorrer algo. Pero después te das cuenta que por la edad no podés subir ni a la montaña.

Ahora recuerdo algo. Al ver las casas rodantes, veía bajar parejas de gente mayores. Y pensaba que debería ser al revés, justamente. A esa vida hay que hacerla cuando podes, es lo que yo creo. Quizás al verlo, me haya surgido algo en la cabeza.

Mi vida siempre es una búsqueda, siempre buscando. Y hablo de los trabajos por ejemplo. Yo tengo ganas de hacer tantas cosas que voy cambiando de oficios. Y lo hago mientras me gano la vida viajando. Quiero hacer de todo que… no tengo tiempo de ir a trabajar (risas).

Las ventajas de vivir con ruedas:
Podés hacerte tu propia casa.
El patio cambia todos los días.
Conoces gente y lugares todo el tiempo.
Gracias a los paneles solares la energía es gratis.
No hay facturas en el buzón.
Se limpia rápido lo que es igual a más tiempo para lo importante.
Se calefacciona con nada.
Te ayuda a conservar lo necesario y desacerte de lo que no necesitas.
Vayas donde vayas siempre estás en casa…
Ayer se me ocurrieron muchas más que hoy no me acuerdo.

¿Vivís con tus perros?

Yo vivo con los perros en el colectivo. El colectivo es mi casa. Ahora estoy en una quinta que me prestan. Mi vieja está en su casa en el centro. Estoy estacionado hasta que me pueda ir. Una vez que pasé en pleno viaje a visitar a mi vieja, estaciono el colectivo en la puerta de la casa de ella por unos días. Charlamos, cenamos y cuando me voy a dormir me voy a mi casa, me voy a dormir al colectivo. Mi vieja me había preparado la cama y no podía entenderlo. Tengo todo en el colectivo.

El descanso de la manada

¿Cómo solventas los gastos?

Siempre voy cambiando. Ahora por ejemplo estoy vendiendo palo santo. De profesión soy cocinero, pero es algo que trato de usar poco. Por ahí me dan ganas de trabajar de algo algún tiempo o alguna temporada. He hecho Fernet y lo he vendido. He hecho y vendido quesos veganos en el sur. He hecho trabajos de pintura, reformas en cabañas. Tengo una cama en el living y la he alquilado por día. Por ejemplo, estaciono frente a un lago y alquilo la cama, compartiendo mi casa. Si voy a emprender un viaje busco a alguien para llevarlo y compartir gastos. Te lo recontra solventas, no tengo gastos. Tengo todo adaptado al sistema solar, no gasto en luz. La garrafa de gas me dura 6 meses. Me tengo que preocupar por el seguro, por cobrar y por cargar gasoil.

¿Aparecieron momentos complicados?

Si, pero son cada vez menos. En estas últimas etapas no. Lo más complicado que me pasó fue estando sólo, en un vehículo y fuera del país. Me la complicaron los seres humanos en las fronteras. La mayoría de las personas son maravillosas, pero sólo eso. Fuí aprendiendo. Al principio me golpeé un poco. Cruzar Bolivia para mí fue terrible. Estoy seguro que si vuelvo a hacerlo, lo haré mejor. Sabría cómo tratar a los policías, sabría como manejar las diferentes situaciones. En Bolivia me discriminaron tanto que no sabía qué hacer. No sabía cómo salir de Bolivia. No sabía si volver a Argentina o seguir para Perú

Los problemas mecánicos se solucionan. Creo que con el tiempo he ido aprendiendo a viajar. He aprendido que una rotura es igual a un amigo nuevo. La última vez que se me rompió algo estuve una semana almorzando y cenando juntos. Al problema lo arreglamos en 20 minutos. Dejé el colectivo estacionado en la puerta de un taller mecánico en San Martín de los Andes. Nos hicimos re amigos, con él y su familia. Me prestó las herramientas y me explicó cómo hacerlo. Y éste que te cuento es sólo un ejemplo. Las cosas que antes quizás podía ver o imaginar como un problema, ya no lo son más.

Alejandro desarrolló sus comodidades. Aquí la ducha en el colectivo

¿La gente es muy solidaria al verte y saber de tu estilo de vida?

Si, la intención primaria es ayudarte. En el año 2010 andada en el Rastrojero, éramos poquitos los que nos cruzamos viajando. Ahora somos muchos más los que directamente vivimos arriba de los vehículos, y que no estamos de vacaciones ni nada que se le parezca, sino que es nuestra forma de vida. Ahora incluso, creo que está mucho más fácil. Ya no es tan extraño. Nos ha pasado a casi todos que estas estacionado y te vienen a golpear para traerte comida. Y vienen por más que vos estés vendiendo bien, o estes pasando por un buen momento económico. Casi siempre te vienen a preguntar si me molesta si me dejan algo de comida que estuvieron cocinando. Dejame lo que quieras, eso es buenísimo. Los panaderos muchas veces llegan con bolsas de pan. Vernos despierta su curiosidad. Es algo que muchos quieren o quisieron hacer. Además quieren ver cómo vivimos, nos hacen preguntas, siempre algo te preguntan de cómo hacemos para sobrellevar alguna situación. Pareciera ser que muchos tienen la ganita de poder hacer lo que hacemos. Terminas siendo amigo de un montón de gente.

¿Y qué cosas te han sorprendido?

Las diferentes situaciones que se van hilvanando. Pienso de que porque me pasó una cosa, empezas a vivir ésta otra. Varias veces me ha pasado. Conoces a alguien y por haberlo conocido, termino haciendo o viviendo ciertas cosas. Eso es increíble.

La libertad

¿Y cuál es el lugar de los que recorriste, que más te ha gustado?

El Amazonas ecuatoriano. En el video lo cuento. Es increíble. Personas no contactadas, delfines rosados, monos, cualquier tipo de aves, yacarés. Es el lugar más virgen que conocí. Fue en el viaje con el Rastrojero. En ese momento tenía sólo un colchón. Nada de cocina. Nos invitó este aborigen Uitoto a un grupito a su casa y allí vivimos esa experiencia. Teníamos hasta su casa media hora en lancha. Yo pensaba que su casa estaba en la selva. Luego desde su casa viajamos dos días más por el río hasta llegar a ese lugar. A dos o tres días de la civilización.

¿Y que pensas cuando ahora andando por las calles de Mercedes ves a un visitador médico ingresando a a un consultorio con muestras?

Espero que lo que esté haciendo lo haga desde el lado de la felicidad. Yo no lo hacía desde la felicidad. Si lo hace siendo feliz, está buenísimo. Espero que le dé placer. Yo lo hacía sólo porque pagaban bien, nada más. Había muchas cosas que no me gustaban relacionadas con la salud y el dinero. Ojalá puedan ayudar y ser felices. Sé muy bien que eso no es para mí. Cada cuál hace lo que quiere. Y yo no lo quiero. Ese fue el último trabajo que hice por plata. Ahora, si no me divierte o no creo en lo que estoy haciendo, no lo hago más. Fue en el año 2008 más o menos.

En Mendoza

¿Hay cosas que perdés o tenés que dejar de lado por vivir de ésta manera?

No, la verdad que no. No siento como pérdida las cosas que arrastrás desde antes, pero aparecen nuevas. Por eso no siento que sean pérdidas. A veces llegas a algún lugar increíble y queres compartirlo con alguien. Y estas solo. Los cumpleaños, los amigos, la familia. Pero pasa enseguida. Fui al cumpleaños, y al regreso ya pasó, quiero seguir con lo mío. Ya no me divierten tanto los cumpleaños como me divertían antes.

¿Por qué viajas con los perros?

Porque se fue dando. Así de simple. Estaba estacionado en el mismo lugar que estoy ahora. Estuve unos años en esta quinta y fueron apareciendo. Sabía que no quería estar mucho tiempo acá. Pero aparecieron. Quizás compré el colectivo por ellos, sino creo que hubiera comprado algo más chiquito. Nosotros somos manada. Nos tratan como manada. Somos una familia. Aparecieron y yo los acepté. Si yo voy, ellos vienen.

¿Cuántos perros son?

Son dos, Zimba, con zeta, el macho. Muy parecido al Rey León. Y Jungla, la perra. Había una gata en la manada, pero a esa se la dejé a mi vieja porque cuando ponía en marcha el colectivo, desaparecía. Pensé que no se podía viajar con gatos, pero he conocido a algunos. Tengo tres viajeros amigos que lo hacen con gatos.

¿Y cómo haces con los perros cuando paras. No se te van a ningún lado?

A veces sí. A veces no. A la perra le gusta cazar. No me gusta atarlos. Si paro en una estación de servicios en la ciudad no pasa nada. Bajan, hacen pis en algún arbolito, cargo combustible y seguimos. Pero si hay pastizales cerca de la estación, a veces tengo que quedarme a esperar a que terminen lo suyo para poder seguir. Olfatean, siguen huellas y a veces tengo que esperar. Pero como no tengo apuro, está todo bien.

¿Y en los lugares más virgenes los perros andan por donde quieran?

Si, andan por todos lados. Pero en dónde está el colectivo es su casa y ahí vuelven. En San Martín de los Andes Jungla estuvo tres meses perdida. Después de tres meses me fui y a la semana me llamaron que había aparecido en el mismo lugar en el que había desaparecido. Y me volví a buscarla, estaba a 100 kilómetros. Nunca voy a saber si se perdió o alguien la metió en una casa y se escapó. Pero volvió. Estamos juntos otra vez.

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