CURIOSIDADES DEL 18 DE OCTUBRE: LAS MUJERES DESNUDAS Y LOS BARCOS

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Se dice que los marinos son las personas más supersticiosas de todas. Desde la antigüedad los marineros han vivido buscando la buena suerte para sus viajes y travesías o, de alguna manera, evitando el mal augurio.

Para atraer la buena suerte en sus barcos y viajes se adoptaron ritos que, con el paso de los siglos, han llegado hasta nuestros días convertidos en tradiciones marineras.

Antiguamente el objeto a bordo creado para proteger al barco era el increíblemente elaborado mascarón de proa. Originalmente se llevaba una pequeña imagen o figura religiosa colocada dentro del barco para protegerlo. Con el tiempo, estas figuras pasaron a colocarse en la proa del barco, y solían tener forma de figura femenina ya que se creía que podían calmar a los dioses y los mares.

Los mascarones de proa consisten en una escultura, ubicada bajo el bauprés, generalmente tallada en madera y ornamentada o pintada según la jerarquía de la embarcación. En la actualidad su uso ha quedado reducido a una función decorativa, y casi exclusivamente en buques escuela, con figuras mitológicas, o alusivas al nombre del barco. Pero en la antigüedad, cumplieron un rol fundamental en la navegación: figuras totémicas que espantaban los espíritus malignos; dioses que protegían a la tripulación, ojos que ayudaban a encontrar el camino, figuras alusivas que identificaban a la embarcación y a su tripulación.

Para estos menesteres, se consideraba que la mujer tení­a poderes especiales sobre el mar y por eso el mascarón solí­a llevar una imagen de mujer vestida o semivestida por la creencia de que una mujer desnuda podía apaciguar tormentas.

Este es un mito concurrente, cuya existencia se da al menos desde la época de Plinio el Viejo (Siglo I d.C.), el cual afirmaba que una mujer desnuda o semidesnuda calmaría mares turbulentos. Se creía que la mujer con su belleza intrínseca  tenía la posibilidad de serenar las olas en los momentos de peligro. Y así  parece que perduró en el tiempo en las diferentes culturas y mentes colectivas. Desde los tiempos de aquel insigne romano, hasta el reciente siglo XIX fue de lo mas comun colocar en las engalanadas proas de los barcos a mujeres con el pecho desnudo, que según decían, actuaban como talismán para el buen tiempo.

Durante la época barroca ( años 1600 al 1750 aprox.) era común para los buques de alto rango ser decorados elaborados diseños de tallas. Sorprende ver las esculturas, incluso en sus esbozos, de los planos previos a la construcción. Era tal la minuciosidad y el detalle con el que se enfrentaban cada vez que construían una nave, que maravilla ver los bocetos de esas sirenas o  Minervas en los planos del carpintero. Estas esculturas, que incluían también figuras como dioses, diosas, monarcas, caballos alados y sirenas, eran a menudo de tamaño natural y lleno de simbolismo para la flota a la que la nave pertenecía.

Un estudio de las figuras de mujer talladas en los barcos muestra la inclinación por cuatro tipos de imágenes: la primera es de una diosa o guerrera armada y con casco (Atenea o Minerva); la segunda era una ninfa o una nereida (Aretusa o Galatea); la tercera era la sirena clásica y la cuarta la sirena con torso de mujer y cola de pez.

Paradójicamente, las mujeres de carne y hueso a bordo se consideraban de mala suerte.

Fuentes: CruceroAdicto / abcblogs / La Voz de Galicia

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