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CURIOSIDADES DEL 28 DE OCTUBRE: HERMINIO IGLESIAS Y EL ATAUD QUE CAMBIO LA HISTORIA

El 30 de octubre de 1983 se llevaron a cabo elecciones históricas en la Argentina. Se volvía a la democracia tras siete años de una dictadura que había destruído las instituciones, dinamitado los resortes económicos y minado los lazos sociales.

Las fórmulas presidenciales más representativas eran Raúl Alfonsín – Víctor Martínez por la UCR e Ítalo Luder – Deolindo Bittel por el PJ.

A cuatro días de los comicios, Alfonsín cerraba su campaña pronunciando un discurso con tono firme pero conciliador, realzando los valores de la democracia y la unión nacional, ante miles de personas en el Obelisco.

Dos días después, el 28 de octubre de 1983, en el mismo lugar y ante una multitud aún mayor, Luder y Bittel hicieron lo propio. Sólo el candidato presidencial habló y se mostró confiado en su victoria.

En el palco también se encontraba el candidato a la gobernación de Buenos Aires, el sindicalista de la UOM, Herminio Iglesias, quien había mantenido una áspera relación con los rivales durante la campaña, llegando incluso a tildar de “argentino mal nacido” y “gusano” a Alfonsín.

Desde la UCR, en tanto, lo calificaban como “aprendiz de Hitler”.

Al finalizar el acto de cierre de campaña, le acercaron un cajón fúnebre con las siglas del radicalismo y el nombre de su candidato presidencial Raúl Alfonsín, junto a una corona. Iglesias, envalentonado, lo prendió fuego, y las imágenes recorrieron el país. Muchos sostendrían que esa actitud terminó de sellar una derrota electoral que aún no estaba definida hasta entonces: los argentinos no toleraron un gesto que evocara la violencia y la muerte que querían dejar atrás.

El episodio del ataúd no fue la única demostración pública de Herminio Iglesias que no cayó bien entre los argentinos de aquel entonces. Ni tampoco el primer detalle que lo hizo célebre. El gremialista pasó a la popularidad por sus conocidas frases “ganaremos conmigo o sinmigo”, un desliz que coronó prometiendo, en el mismo mítin, que el justicialismo trabajaría “las 24 horas del día y de noche también”.

Sin embargo, quienes acompañaron de cerca la campaña de Luder piensan que atribuirle a Herminio Iglesias toda la responsabilidad de la derrota es, cuanto menos, una exageración. “La verdad es que habíamos quedado atrapados en la lógica de la guerrilla y los sindicatos, que había sido parte de los años ’70, el peronismo era el palco de Ezeiza. El movimiento siempre estuvo lleno de Herminios, pero en ese momento no los pudimos contener”, explica Julio Bárbaro, asesor de Luder y candidato a diputado nacional en 1983.

Bárbaro cree además que Luder “no era un buen candidato”, pero que además “no había ningún otro” que sedujera al electorado.
Fuentes: Telam / LT10

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