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Periodismo Confiable

LA QUINTA FOTO DE VICTOR BASTERRA

 “Si tu foto no es lo suficientemente buena es porque 
no estabas lo suficientemente cerca” (Robert Cappa)
Victor Basterra tuvo el extraño privilegio de fotografiar la muerte, o más precisamente a los ángeles de la muerte, los grupos de tareas que asolaron el país en plena dictadura.
Necesitaban documentos falsos para manejarse en la impunidad de la devastación que desaparecía ciudadanos y los retenía en los templos de la nada que fueron los campos de detención de la dictadura.
Había llegado secuestrado a la Esma un 10 de Agosto de 1979, junto a su mujer y su bebé de dos meses. Era obrero gráfico, editaba una minúscula revista de resistencia, Campana de Palo, y pertenecía al peronismo de base, una variante que había rechazado la lucha armada como método de lucha.
Conoció las entrañas del infierno, -como diría Jorge Luis Borges al escuchar su testimonio del juicio a las Juntas- y la dimensión de la barbarie cuando ésta se distancia de todo atisbo de humanidad.
Por sus conocimientos gráficos y fotográficos fue elegido para vivir y confeccionar papeles apócrifos a sus captores. Basterra agregaba una foto a las cuatro demandadas y escondía la restante en la caja de materiales sensibles.
Poco a poco su colección de la muerte se fue engrosando, los más conocidos y feroces esbirros dejaban su rostro en las manos de una de sus víctimas. Astiz fue, quizás, el más conocido por todos. Pero también listas y retratos de las personas sin destino se sumaron a su tesoro escondido, ese mismo que hubiera significado su muerte inmediata.
El carácter, como la fotografía, se revela en la oscuridad”. (Yousuf Karsh)
Y Basterra lo tuvo. A medida que fue integrado a visitas transitorias a su casa, -su mujer había sido liberada antes- empezó a llevar el preciado material escondido entre su cuerpo.
Ahí quedó por años, esperando, como él, ser liberado, definitivamente.
Lo fue una semana antes de la asunción de Raúl Alfonsín a la presidencia, un 3 de diciembre del ´83. Su esposa, había conservado preciosamente el testimonio más directo y desgarrador del genocidio que se ha podido tener.
En nuestra familia, la Esma adquiere una significancia especial, el esposo de Diana y el papá de Victoria fue uno de sus ocupantes. Es, para nosotros un lugar de introspección, memoria y reflexión acerca de un pasado que jamás debe volver.
Basterra falleció ayer en La Plata, a los 76 años, víctima de cáncer. Fue una persona sencilla y de convicciones, que hizo de la memoria activa la ocupación de los últimos años.
Sin estridencias.
Su testimonio fue el más extenso del Juicio a las Juntas y sus fotos un material precioso, inigualable.
Victor Melchor Basterra estuvo lo suficientemente cerca e hizo que el mal absoluto tuviera rostros, las víctimas un santuario y los familiares la certeza gráfica que todo había sucedido ahí.
Siempre estaremos en deuda con él y su familia que superando los miedos más profundos, trajeron la luz en un puñado de celuloide.
Descansa en paz.
Oscar Dinova
(escritor)

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