MOLINA CAMPOS SIGUE GALOPANDO LEGUAS

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¡¡Ay tiempos, si era un orgullo…
Ver jinetear un paisano!! (Martín Fierro)
Ni el 21 de Agosto ni el 16 de Diciembre. Ni el nacimiento ni la despedida.
Ninguna parecen ser fechas significativas en un almanaque atiborrado de fechas, pero cada vez más falto de alma. Justamente este coterráneo ilustre, que hizo del almanaque una obra de arte popular.
Florencio de los Ángeles Molina Campos nos representa en muchos sentidos. En nuestras grandezas y en las otras. Porteño, nació en 1891, cuando moría el siglo de nuestro nacimiento. De pequeño, pasó su infancia en la Estancia “Los Ángeles”, allá por los pagos de Madariaga, maestro de su propio genio, aprendió a dibujar en los días de lluvia, mirando los gauchos en sus trabajos cotidianos.
Demostró así, que los argentinos somos todo uno, a condición de amar a nuestros compatriotas, como él lo hizo y que las fronteras ficticias se crean sólo en nuestros espíritus. No fue lo único.
Expuso, por primera vez en 1926, auspiciado por la Sociedad Rural, en una muestra donde el personaje principal era un gaucho de sus años mozos; Tileforo Areco, el capataz de la estancia. Fue premiado con un cargo de docente en el Colegio Nacional por el Presidente Alvear. Se puede llegar a los sueños si perseveras, parece decirnos, en tiempos en que ser designado educador se convertía en un enorme reconocimiento.
Luego vino el acuerdo con Alpargatas y la explosión definitiva de su arte. A lo largo y ancho del país, los calendarios dibujados de mano maestra se convertirían en un objeto de colección para todas las clases sociales. Unos con marcos, otros con un clavo en la pared. Todos fuimos orgullosos de nuestros gauchos, de nuestra pampa, de sus trabajos y de sus fiestas, de sus alegrías y sus pesares.
El arte nos acercaba, nos estrechaba en un sentimiento. Industria, progreso, publicidad y creatividad en una misma lámina. En dieciocho millones de láminas, para ser más precisos. Una pintura de época.
Si Martín Fierro le puso la palabra, Molina Campos pintó a ese gaucho y su vida como nadie lo hizo. Quizás porque sus pinceladas guardaron el alma de un niño, es que su estilo seguía siendo ingenuo, pleno de humor y de respeto, como pocos pueden mostrar, en un mismo trazo.
Fue convocado por el mundo entero, exposiciones en Europa, contrataciones y la visita, inaudita, del mismísimo Walt Disney en su querido campo de Moreno, “Los Estribos”. No estaba, fue atendido por su compañera, María Elvira Aguirre y en un asado inolvidable, con guitarreadas, el creador de Mickey deja el pedido formal a nuestro compatriota para que integre sus equipos de trabajo.
Serán “Saludos Amigos” y “Los Tres Caballeros” que nacerán de este proyecto, aunque Molina Campos renunciará, disgustado, por no ser respetadas las costumbres, hábitos y vestimentas gauchescas en su plenitud. Se puede decir que no, si eso empaña nuestras convicciones.
Siguió triunfando en Norteamérica donde repitió la experiencia gráfica con grandes empresas, pero su norte estaba en el sur. Al regresar, crea una escuela en un pedazo de su campo y da clases a los chicos. El futuro de nuestro país está en la educación y que se debe ser un ejemplo coherente entregando primero nuestras propias cosas, está en este mensaje postrero.
Fallece en 1959, con mucho aún para darnos. Su esposa, completa el sueño de una vida sin par, creando el Museo Molina Campos a partir de 1979 en la localidad de Moreno. Sin embargo, falta de apoyos, desavenencias, incoherencias de una política cultural de muchos gobiernos, el Museo Molina Campos se debate entre mudanzas, cierres, promesas y abandono. Nuestras miserias.
¿Será recordado este artista genial en la efemérides oficial?
¿Estará abierto definitivamente su Museo con el apoyo que merece?
¿Conocerán su obra los alumnos de toda la región norte de la Prov. de Buenos y Capital Federal?
Debemos corresponder a tanto talento, compromiso y coherencia de vida. Debemos elegir el rumbo definitivo que deseamos para nuestros hijos, engrandecer la memoria de nuestros artistas más genuinos y hacernos merecedores de sueños, tanto tiempo postergados.
Mientras tanto no suceda, Don Molina Campos seguirá galopando leguas en su mejor alazán.
Oscar Dinova, escritor.
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